Gracias a todos por vuestra mirada.

sábado, 6 de agosto de 2016

El último encuentro

El último encuentro amoroso se produce
mucho antes del último encuentro amoroso.
(Mariana Díaz)

Debí irme aquél día que se rompió el abrazo
y se me cayeron los dedos de tus rizos,
aquél instante donde la luna  se detuvo
y cambió el rumbo de la noche.
Debí  irme cuando comencé a desdibujarme
del paisaje,
de la línea trazada de la tierra al infinito
—quien dice el infinito  dice el viaje que nunca hicimos
o aquellos  otros, donde mis huellas se perdieron
en un mapa inexistente—.
Debí salir huyendo con las pocas pertenencias
que todavía me quedaban
esparcidas por la cama y por el suelo;
los besos que aún conservaban la ilusión
de besar el tiempo y la distancia
el calor de tu cuerpo fundiéndose
en las yemas de mis dedos.
Debí irme mucho antes de empezar la batalla
mucho antes de que la verdad
quedara a la intemperie
sin una caricia que pudiera resguardarla
sin una palabra que pudiera desdecirse
sin una mirada que conservara
la luz de las estrellas.
Debí irme a tiempo, pero el tiempo no existe
cuando amas.

2 comentarios:

©Laura Caro dijo...

Nunca se sabe lo que hubiera ocurrido de tomar aquella decisión que no tomamos...
Quizá nos hubiera traído más felicidad, pero quizás no.
Quizá ocurrieron cosas a raíz de no tomarla que no hubieran ocurrido; quizá hubieran ocurrido de todos modos.
Aunque sabemos que hay que mirar hacia delante y procuramos hacerlo cada día, solemos regresar muchas veces a ese instante que pudo cambiar nuestras vidas...
Sabes que te entiendo.
Un abrazo enorme, Carmen.

carmen jiménez dijo...

Nada hubiera cambiado mi querida Laura. Si acaso, esa sensación íntima de poner la dignidad a salvo, pero igual el corazón se queda roto antes y/o después.
Como decía Sabines:
No es nada de tu cuerpo,
ni una brizna, ni un pétalo,
ni una gota, ni un grano, ni un momento.

Es sólo este lugar donde estuviste,
estos mis brazos tercos.