sábado 21 de noviembre de 2009

El nudo en el ombligo

Me evocas todas las cosas como a Machado las moscas. Me evocas los primeros corazones pintados en la pared. Las primeras cartas que escribí. El diario escondido, la infancia. Cortarme las trenzas, vestirme de mujer. Los parques y los atarcederes. Los robles y los sauces llorones. El tacto y el contacto. Me evocas las caricias robadas y todo el amor que cabe en un beso apasionado. El nudo en el ombligo, y la vida entera por delante. Me evocas las ganas de estar enamorada.

martes 10 de noviembre de 2009

La luna

Las olas arrastran
el reflejo de la luna
hasta la orilla mansa.

Pero ella se escapa. Se escapa…

En un instante insobornable
vuelven las olas
con su murmullo insondable
salvando su imagen.

Pero ella se escapa. Se escapa…

Y cada vez con más furia
las olas retroceden y avanzan
atrapándola en su vaivén
para que descanse.

Pero ella se escapa. Se escapa…

Desaparece y crece
se disfraza entre la nubes
se nubla, se esconde, brilla.

Y las olas incansables
la buscan cada noche
para mecerla en sus crestas
Y llevarla a la orilla.

Pero ella se escapa. Se escapa…

Y cuando al amanecer
parece rendida a su suerte
entre los saltos de espuma
se desvanece...

Y se escapa, Se escapa…


Epílogo

Juguetonas, inquietas, salvajes, dóciles, apremiantes, sin prisa, rugientes, susurrantes, espumosas, sin envidia unas de otras. Colaboradoras se diría. Solidarias en un mismo fin sin saberlo siquiera, arrastran la luna en sus miles de gotas para llevarla a la orilla. Y ella tranquila se deja hacer y cualquiera que no la conozca, podría pensar que se ríe del poder magnánimo de las olas.

domingo 25 de octubre de 2009

Nada es para siempre

Un miércoles por la mañana acudió al lugar donde se veían a escondidas. El picaporte crujió y B sintió como si hiciera mucho tiempo que alguien hubiera pasado por allí.
Al entrar absorbió todo el olor de su ropa de trabajo. El sudor dulce que envolvía su piel y toda ella mojada al salir de la ducha. B no podía esperarle en la cama y le seguía hasta el baño, para secar con su lengua toda la humedad de su cuerpo. Antes de llegar a la cama ya habían copulado dos veces entre el pasillo que separaba ambas habitaciones. Después jadeaban juntos sobre las sábanas y volvían a olerse. Y así era por siempre, cada miércoles en distintos rincones de la habitación, hasta que no les quedó ninguno. Hasta el día que abrió el picaporte y sintió como si hiciera mucho tiempo que alguien hubiera pasado por allí.

domingo 11 de octubre de 2009

La poesía...

Es poco, pero es algo.
Si supiera dónde está ese lugar donde la vida rima en verso, seguramente iría a su encuentro. Si supiera cómo llegar hasta allí, estaría dispuesta a escarpar las montañas más altas, a adentrarme en las sendas más oscuras, donde nadie antes hubiera pisado. Si supiera dónde está ese lugar donde la poesía se junta con la vida, estaría dispuesta a escarbar con mis propias manos la tierra para encontrarlo, a bucear en las aguas profundas de lo desconocido. Si supiera…No dudaría tanto cuando escalo, cuando camino, cuando escarbo, cuando buceo. Si lo supiera de cierto, tal vez la poesía perdería su encanto.

jueves 24 de septiembre de 2009

Quietud

Quieto el aire,
quieta la montaña.

Quieto todo.

Quieto el mar,
las olas quietas.

Quieto todo.

Quietas las nubes,
el cielo quieto.

Quieto todo.

Quieto el tiempo.
El reloj detenido
en un instante.

Todo quieto.

Quieta la luna y el sol,
quieto el universo,
quieta yo.

Todo quieto.

Quieta toda inquietud.
Sólo la paz
invandiendo la quietud.

jueves 17 de septiembre de 2009

El amigo

Pues para seguir contando con vuestra opinión para decidirme por uno de mis textos con los que participar en la cena de poetas, y sobre todo para seguir compartiendo con vosotros, aquí os dejo una de esas "prosas" mías que se la dedico especialmente a Santiago que fue quien primero la leyó y me hizo seguir adelante.

El amigo es con el que nunca has de cohabitar. Contra el que el destino lo único que tiene contra él, es que es amigo. Nada más grande en el alma y tan incierto en el cuerpo. Un amigo es el que te escucha cuando él mismo sufre y calla. El que te recoge en mitad de una noche tirada. Es el que comparte las risas de tu cara y el que ríe tus gracias. El que te llama cuando estás sola y acompañada. El espejo en el que te miras sin miedo a verte distorsionada. El que te busca para escuchar un concierto de música donde poder vibrar y disfrutar. La vela siempre encendida. Y siempre sabiendo que es el alma lo que compartes y reclamas. Y la reclamas por encima de la piel y por debajo de ella…

lunes 7 de septiembre de 2009


Queridos amigos:
Hace tiempo que no escribo. Algunos de vosotros conocéis las razones. También hace tiempo que no os leo. He pensado seriamente en cerrar mi blog hasta que pase este estado de invernación.
Sin embargo algo dentro de mi se resiste a alejarme de esta compañía tan virtual como real, tan aparentemente lejana como ciertamente cercana.

Siempre he publicado mis "prosas poéticas", sin mencionarme del todo. Como si fuera otra, como si pudiera ser cualquiera.

Hoy releyendo mis primeros textos y los primeros comentarios que llegaban, he sentido como si pudiera leer en ellos una parte de mi vida. Una parte que todavía sentía y vibraba con cada palabra. Y releía, porque tuve el atrevimiento de apuntarme a una "cena de poetas" sin serlo. El atrevimiento de poder disfrutar de los grandes. El honor de poder compartir mesa con algunos de ellos a los que no conozco y por supuesto el honor de compartir mesa con una de las mejores poetisas que conozco. Todos la conocemos. Marisa de la Peña.
Y buscando algo digno que leer y compartir con ellos, he encontrado algunos "poemas" de mis preferidos que sólo alguno de vosotros conocéis. Los intemporales, los que me empujaron a seguir, los incondicionales. Y puesta ya a tanto atrevimiento he pensado volver a publicar alguno de esos textos relegados a los primeros puestos, o a los últimos según se mire, con la intención de poderlos compartir con todos los que poco a poco me habéis ido ofreciendo vuestro ánimo y desde luego la oportunidad de disfrutar de vuestras grandes creaciones.

Espero no aburrir a los que ya me habéis leído, y no defraudar en demasía a los que podías esperar algo nuevo de mi.
Con vuestro permiso, comenzaré con una de las primeras elecciones que tengo y con una de las primeras con las que me asomé a este mundo nuestro.

Gotas de rocío

Ha amanecido. Después de muchas lunas, el sol asoma en un horizonte lejano y teñido todavía de una bruma espesa y gris. Todavía hace frío. Es un frío parecido al del rocío. Unas gotas llenas de una noche tan eterna como la juventud. Unas gotas que auguran el fin y el comienzo, derritiéndose poco a poco. Un aire caliente desciende hasta mi guarida y acaricia mi piel con su brisa. El agua escarchada cede a su soplido y cada poro de mi piel se entrega a él rendida. Agradecida. Mi cuerpo se estremece en la tibieza de un amanecer ya olvidado. La oscuridad se resiste y el frío se clava como un puñal de acero. Y de repente, amanece. El negro se torna en una luz lechosa, temerosa, imprecisa. Los colores son tenues, casi imperceptibles a mi retina eclipsada. La noche y el día se echan un pulso sobre mi cuerpo aún dormido. Y la luz atraviesa por fin la manzana retenida en mi boca y el aire entra en mis pulmones y me despierta de un sueño lleno de sombras que no atinan ya a esconderse y se remueven inquietas y lloran lágrimas de rocío hasta que despiertan. Por fin ha amanecido.