
He borrado todas las huellas
que me conducían hasta ti, para nunca regresar a la fuente de tus besos, que me
dio de beber toda la sed que mi boca fue capaz de soportar, hasta quedarse sin
una gota de saliva con la que humedecer alguna esperanza nueva. He lanzado
desde el puente hasta el río, todas las hojas que firmé con mi nombre de mujer
enamorada, y arrancado de mis ojos todas las verdades con las que desnudé mi corazón
hasta matarlo de frío. He jurado no volver a responder a los fantasmas del otro
lado del espejo, cuya única misión, ahora lo sé, es engullirme y llevarme lejos
de mi cuerpo. También he quemado las fotografías donde parecía feliz a la
orilla de la playa, sin saber que el mar me arrastraría hasta el fondo del
océano, dejando mi esqueleto como único testigo de mi existencia. He intentado
quemar también todos los recuerdos, del primero al último, pero los recuerdos
son incombustibles y quizá la única defensa para no volver a morir de amor, y con suerte, poder volver a nacer con todos mis años a cuestas, y la
sabiduría, que dicen, tienen, los más ancianos de la tribu.
No hay comentarios:
Publicar un comentario