Cuando se te quedan los labios fríos
y el corazón helado.
Cuando empiezas a creer
que ya has besado todos los besos
que tenías en tu haber.
Cuando te encierras entre cuatro paredes
para no tener que volver a pisar las mismas calles
ni subir a los mismos
trenes
que siempre vienen de vuelta.
Cuando la tentación
acude a la carne
y te arranca la piel a mordiscos,
lo mismo que si te arrancaran los brazos de cuajo.
Cuando el dolor se hace tan físico
que hasta el alma se da por vencida
y abandona su cuerpo.
Cuando el amor
cuando la renuncia.