Gracias a todos por vuestra mirada.

martes, 30 de julio de 2019

Podía ser peor


Todo podía ser peor, me susurra una voz cantarina
sin atreverse a más,
porque sabe a ciencia cierta
que no soporto su condescendencia con el mundo,
la aceptación de la injusticia como inevitable,
la tristeza como parte indisoluble de la alegría,
el dolor que se empeña en recordarte los años,
o viceversa  —no estoy muy segura—,
la piel que reclama a gritos la caricia,
el alma dormida en un alambre.
No soporto su voz, y lo sabe.  Y sin embargo,
le presto oídos para poder pasar el día
sin mayor apuro que pasarlo.
Efectivamente podía ser peor.
Solo tengo que acallar mi voz inconformista,
la que se duele de sí misma y de los otros,
la balanza que nunca está del lado de los buenos
ni el nunca es el momento adecuado para que suceda el milagro.
Y la vocecilla sigue cantando su canción
como para ir adormeciendo los sentidos,
casi con la compasión de una madre
que sabe que no puede consolar al hijo con un abrazo
ni con un beso, 
ni con nada,
y aún así sigue cantando.


jueves, 25 de julio de 2019

Cosa de dos


¿Quién no alberga una esperanza imposible,
un milagro de cristiano siendo ateo,
una oportunidad más en el futuro,
en este presente
que nos tiene agarrado por los pies?
¿Quién alguna vez no soñó
con que fuera posible
que las flores crecieran en el desierto
que el oasis no fuera un espejismo?
¿Quién no ha soñado con contar estrellas
y que el amanecer le sorprendiera desnudo?
¿Quién en su sano juicio no cometió
la mayor de las locuras?
¿Quién no ha estado al borde del abismo
y se lanzó con los ojos vendados?
¿Quién?
Yo cumplí con todos los requisitos
pero eso no bastó.
Soñar siempre es cosa de dos.



viernes, 19 de abril de 2019

El sonido de la lluvia


Han parado los aviones
y las sirenas que anuncian cada poco
que el mundo va a estallar.

Se han callado los ruidos de fondo;
el martillo del vecino,
el teléfono descolgado,
el grifo que gotea tan solo por molestar.

Se ha callado el silencio,
cansado de contarme
las mismas historias de siempre.

Se han marchado las musas rebeldes,
las que te dejan solas en mitad de un poema
y nunca más vuelves a saber de ellas.

Se ha callado el deseo de gritar a los sordos
de corazón,
que el mundo no tiene remedio,
que seguiremos muriendo de tristeza
mientras otros se mueren de hambre e inanición
y tristeza de las grandes.

Se ha callado todo;
los recuerdos que asaltan a media noche
y al amanecer,
lo que casi llega a suceder pero no sucede,
lo que sucede sin querer y sin pedirlo
lo que se lleva el viento y lo trae de vuelta
para alimentar el fracaso del no ser.

Solo la lluvia
y el sonido de los árboles
y tú, y yo, pensándonos.

©Carmen Jiménez Díaz

martes, 4 de diciembre de 2018

Toda la verdad


Juro no volver a creer en toda la verdad
y nada más que la verdad
por mucho que haya biblia de por medio
o juramentos de sangre para toda la eternidad.
Juro no volver a beber vino en botellas de leche
ni escuchar los alegatos a su favor
—siempre tan coherentes— que hacen dudar incluso,
si la vida existe más allá de su digno nombre.
Juro no volver a estampar mi firma ante notario
que nunca lee los anexos con los que la vida te sorprende,
y juro no volver a creer que los olmos pueden dar peras,
porque los olmos, como dice la poeta Montojo,
no dan peras, solo dan sombra.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Mi corazón y yo.


Hoy estoy optimista aunque mi corazón se resista a admitirlo. Hoy no le dejaré ganar esta batalla por más que golpee desde dentro y se empeñe en empaparme de tristeza. A veces resulta tan egocéntrico que se olvida que no sólo él vive en mi cuerpo. También tengo un rostro —con más arrugas de las que yo quisiera, pero me las he ganado a pulso—, y  unos huesos de cristal dispuestos a llevarme  a cualquier parte. No, ya no puede hacerme chantaje con sus mentiras y su mirada ingenua. A veces parece no saber la edad que tiene, y siempre me sale con esas de que el amor siempre tiene quince años. Yo me sonrío por dentro como cuando no quieres dar la razón a un niño que la lleva. Pero no, hoy no le dejaré ganar la batalla. Hoy nos vamos con todos nuestros años a cuestas a brindar por ese pasado en el que los dos fuimos felices y por un presente en el que ya no importa el balance entre pérdidas y ganancias. Con un poco de suerte esta noche dormimos abrazados.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Cansada


Estoy cansada de evocar viejos sueños
que nunca se cumplieron,
de recrear en mi mirada aquellos paisajes
a los que todavía tengo pendiente volar.
Cansada de llorar penas
que siempre pueden ser más grandes
y de no atreverme a desear
porque ya no creo en los deseos.
Estoy cansada de ser tantos yoes
tropezándose unos con otros
y poniéndose zancadillas para ver
quién llega el primero.
Me temo que cualquier día haré una pira
con todas esas pieles amargas
que han ido cubriéndome el cuerpo,
con todas las palabras que nunca se dijeron
y por las que di una vida entera
de las pocas que aún me quedaban.
Y arderán entre las llamas aquellas noches de gala
que ahora se visten de negro.
Y quizá entonces como si se tratara de un bautizo,
me sumergiré en el agua
para limpiar cualquier rastro de ceniza,
y cortaré el cordón umbilical
con esa tristeza crónica que provocan
los fracasos  antes de convertirse en realidad.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Morir lentamente

A veces una solo puede escribir de aquello que está viviendo, por más que quisiera escribir de amor.


No está al alcance de mi mano ser feliz
en estos momentos en los que al despertar,
lo primero que veo es la imagen de la muerte
ensañarse con un hombre indefenso.

Las heridas que no curan y te hacen olvidar
cualquier otra herida de guerra o de amor
—si es que acaso no es lo mismo—.
No está al alcance de mi mano devolverte
a aquellos años en los que eras joven y feliz.

Tan sólo puedo mirar tus ojos azules y tratar de sonreír
mientras extiendo un manto de aloe-vera por tu espalda
para intentar que la vida parezca de verdad.

A veces me siento cómplice de la muerte
viendo cómo mueres lentamente, 
cómo respiras a través de una goma
que no huele a nada;
ni a campo, ni a pinos ni a ningún otro olor
que pueda devolverte la esperanza de seguir vivo.

Y te miro y me miras, y  nos miramos
sabiendo que sentimos lo mismo.
Y te acaricio con la mirada porque tu piel
no resiste ya una caricia.
Y te duermes y te despiertas
y maldices a la muerte que no llega.