Gracias a todos por vuestra mirada.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Enseres personales


Guardo en un hatillo unas cuantas pertenencias
de un pasado que me dio su palabra
de no envejecer nunca.

Una horquilla para el pelo
un diario de  poemas
un pintalabios gastado
con el que besé la primera boca

unas cuantas palabras sinsentido
que jugaban a dar sentido a la vida,
un vale de descuento
que nunca sirvió para descontar desgracias                              

dos entradas de cine
del que solo recuerdo la última fila,
un trozo de corbata
y un patuco de recién nacido.

También guardo un manojo de llaves
que ya no abren ninguna puerta
y un pasaporte caducado
del último viaje a ninguna parte
urgente de renovar.

jueves, 29 de junio de 2017

El tiempo no entiende de esperas

Cuando te pones a escribir, parece que  se detiene el tiempo. Pero no. El tiempo no se detiene. Es implacable, él corre hacia su muerte sin importarle lo que va dejando atrás. Amores, traiciones, promesas que fueron ciertas y otras promesas de las que promete la esperanza, que ya es sabido que no tiene palabra. El tiempo no se detiene ni  se doblega a la necesidad de respirar un poco más despacio, ni a acompasar su paso con el tuyo.  No. El tiempo no se detiene en esas minucias. Él avanza como si tuviera prisa por llegar a su destino sin importarle que tú andes todavía saboreando aquel beso que hizo  que el mundo entero desapareciera. No. El tiempo no entiende de romanticismos ni de esperas, y se hará de día antes de haber despertado de tu sueño.

miércoles, 28 de junio de 2017

Flores de papel

Flores de papel
En mi calle vive una loca
que siempre  lleva el paso cambiado;
ella va cuando todos vuelven
como  un auténtico  camicace.
Siempre lleva puesta una sonrisa
lo mismo que lleva puesto su vestido
y no escatima en favores
ni se molesta en hacer cálculos
entre pérdidas y beneficios.
Le gusta viajar al país de nunca jamás
y  jugar a ser pequeña antes de que los parques
se queden en silencio
y los niños vuelvan a sus casas.
En sus ojos de loca
lleva un fuego encendido
para poder  perseguir su sombra
cuando  todas las luces se han apagado.
No parece una loca peligrosa
puedes verla haciendo flores de papel
y escribiendo versos en sus pétalos
que  reparte a voluntad
o las regala a cambio de una copa.
Algunas noches cuando vuelvo del trabajo
y sus pasos se cruzan con los míos,
la invito en el único bar que queda abierto
y ella me regala una de sus flores de papel
con los últimos versos escritos en su pétalos.


viernes, 16 de junio de 2017

Anestesia

Ya no habrá más noches
sin su dosis de insomnio correspondiente
ni más amaneceres sin el llanto que merecen
por derecho propio.

Ya no habrá más anestesia para el dolor
que crece por mi cuerpo
como una enredadera
amenazando mi existencia.

Haré frente a mi condena
con toda la dignidad del que sabe
que el olvido no es una opción
para los que sufren de locura.

Dejaré que toda la sangre acumulada
en primaveras muertas,
brote de la herida
hasta erradicar el último poso de tristeza
o hasta quedarme sin sangre
si fuera necesario.

martes, 13 de junio de 2017

Tu esquela
Me pregunto si has podido morirte
sin que mi corazón me haya dado aviso.
Siempre pensé que si algo malo sucediese,
le saldría una erupción a la luna
o un eclipse solar me anunciaría tu muerte.
Tal vez el cartero me traería
una carta póstuma sin acuse de recibo
o leería en el periódico una esquela
pidiendo por el descanso de tu alma.
Los días pasan y nada indica
que sigas vivo,
sólo tu silencio de costumbre,
tu indiferencia de siempre,
y este océano insalvable

que nunca se movió de su sitio.

domingo, 22 de enero de 2017

Venecia

Yo estuve en Venecia. Las calles eran agua navegando en busca del romanticismo perdido. Pero Venecia era solo un mito, una ciudad que se tragó nuestros últimos abrazos en la Plaza San Marcos, esperando que el mar se retirara y las calles volvieran a ocupar su sitio.

martes, 4 de octubre de 2016

Puertas al campo

Me estoy volviendo perezosa
para gastar palabras
que pueden decirse con un beso,
con un gesto,
con una caricia reclamando su derecho
a decir la última palabra
cuando todo ya está dicho.
Y es que el cuerpo no entiende
de caligrafías con buena letra
ni  paréntesis que tratan de explicar
lo que no alcanza a explicar el sustantivo.
La piel solo entiende de versos
que se escriben con la sangre que huye, 
del trazo firme y obstinado
en repetir el discurso
que dictan las normas de buenas costumbres.
Versos que solo pueden escribirse
en tus párpados,
en tu espalda
en tu pecho,
en el punto exacto del poema
que reclama por entero al cuerpo,
y comprende al fin, que no se pueden poner
puertas al campo.