Gracias a todos por vuestra mirada.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Serie de tres.

Vuelvo.

Me detengo en seco. Reanudo la marcha. Camino. Me encuentro. Me pierdo. Vuelvo. Sigo. Subo. Bajo. Me escondo. Me atrevo. Tomo un atajo. Llego. Sigo las flechas. Busco. Encuentro. Sigo buscando. Me lleno. Me vacío. Vuelvo. Siempre vuelvo. Y siempre vuelvo a irme.

Penitencia.

Me castigo. Me perdono. Rezo. No rezo. Lo he olvidado. Hago penitencia. No valen tres padrenuestros, ni tres avemarías. Me esfuerzo. Peleo. Me rindo. Lucho. Pierdo. Gano un día. Sumo. Resto. No cuadran las cuentas.

Equivocación.

Me equivoco. Rectifico. No sirve. Vuelvo a equivocarme. Es ya una costumbre. Vivo. No muero. Me sorprendo. Soy fuerte. Respiro -contra todo pronóstico-. Ayer está muy lejos. Mañana también. Hoy puede que sea una equivocación.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

El mejor regalo.

Hoy quiero compartir con vosotros el regalo casi navideño que Fernando Sabido ha tenido a bien hacerme. Fernando además de ser un gran poeta, ha sido nombrado consejero literario de Analecta Literaria de Argentina.

Desde hoy estoy incluida en su Antología de Poetas para el siglo XXI y en su incansable recopilación de Antología Poesía Universal. Es para mi un honor poder enredar mis letras con las de tantos otros poetas a los que admiro tanto.

Desde aquí le doy las gracias por su gran labor de extender la poesía de habla hispana por el mundo, y de haber contado con mi modesta y humilde aportación.

La selección de poemas ha corrido enteramente de mi cuenta y os invito a todos a visitar sus páginas.

domingo, 5 de diciembre de 2010

El contrapunto.


Ya son tres años compartiendo navidades. Palabras, sentires, amistad, ilusiones, desilusiones, miradas íntimas. Sé que la navidad es tiempo de nostalgia para muchos, también de ilusiones renovadas para otros, de encuentros y desencuentros. De cocinas que huelen a galletas, también a hambre. Navidades de luces llenas de colores. Y sombras…Desde aquí yo quiero felicitar a todos los que habéis compartido conmigo esas luces y esas sombras que en verano o en invierno se proyectan sobre cada uno de nosotros a su manera.

¡FELIZ NAVIDAD AMIGOS!


Este es el poema que ha nacido para celebrar que seguimos juntos en el camino.



Busco siempre el contrapunto
para poder entender el sinsentido.
La verdad en el tiempo,
lo relativo en lo absoluto.
La bandera blanca
sobre el fondo rojo,
el apretón de manos
para combatir desacuerdos.
El olvido en el futuro
y la huella en la memoria.

Busco alguien que me encuentre
sin tener que perseguirlo.
La caricia como alivio redentor
el beso como toda lealtad.
Un cuerpo para ser abrazado
un abrazo que sepa abrazar.
Un susurro en la noche
para acallar el silencio.

Busco conciencias para cambiar
conciencias conformistas.
Lugares comunes entre fronteras.
Caminos invisibles para andar,
una piedra de descanso
en el camino de piedras.

Busco la rosa entre las espinas
el vino en la copa
la pimienta en el amor más dulce
miradas limpias en la sombra.

Busco el arco iris en la tormenta
lágrimas que lloren risas
campanas que repiquen vida
madres imperfectas
que amen a sus hijos.

Busco soles de primavera
que deshagan el hielo del rencor,
madejas que desenreden ovillos
presentes que se hagan futuro
instantes en el infinito.

Busco la inocencia en la indecencia
de los juicios sin juicio.
El honor en lo deshonesto,
la pureza en la mezcolanza
la intensidad en la tibieza
la dignidad en la humillación
por el amor más profundo.

Busco no tener que buscar
la razón de todas las cosas.
Busco a la niña que se fue,
a todos los niños que no fueron.

No todo se encuentra con los ojos
ni se toca con las manos
ni se oye con orejas de lobo
ni se huele con nariz de galgo.

Algunas cosas tan sólo se sienten
con aquello que tiene muchos nombres
y se llama “nosotros mismos”.

Todos somos el contrapunto
de nuestras miserias y nuestras virtudes.
Somos la balanza que se inclina
y se nivela.

Os deseo a todos una balanza que se incline hacia vuestros mejores deseos, y que los deseos mantengan siempre la balanza en equilibrio.

¡FELIZ NAVIDAD AMIGOS!

jueves, 2 de diciembre de 2010

Tierra fértil

Mi cuerpo es un campo abonado
para sembrar tristezas.

Cada primavera se llena de simientes
que alguien deposita y olvida a su suerte.

Espera paciente la semilla en el seno su labranza,
el cultivo de unas manos, una espalda
que se encorve a labrar su tierra prometida.

Tan sólo llegan lluvias lloviendo piedra.
Ningún agricultor amante
que coseche lo que siembra.

Crece el fruto a la intemperie
sobre su tierra fértil de tristezas.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Boca con boca.

Todavía puedo oler las mañanas a café recién hecho. Puedo escuchar nuestras risas en la madrugada sin prisa. Mis manos todavía pueden moldear tu silueta recortada en la sombra. Esculpir a ciegas tu rostro sin olvidar ninguna modalidad de tu sonrisa. Puedo peinar tu cabello negro y enredarlo entre mis dedos de arcilla. Tallar a pulso cada recoveco, cada lugar estratégico donde se esconden cicatrices juveniles y otras no tan jóvenes. Mi pensamiento aún reproduce fidedigno el compás de tus palabras y tus silencios. Mido al centímetro tu pecho con mi pecho, la simetría de tus brazos por el número periódico de abrazos que cabían en ellos. Abrazos que tendían al infinito. Si cierro los ojos todavía siento el calor de tus besos apoderándose de mis tristezas, la caricia de la yema de tus dedos amansando mi esperanza, quizá la tuya. Tu amor sin fisuras haciéndome el boca a boca para restituir mi alma fugada a laberintos sin puertas de salida. Tu aire lograba traerla siempre de vuelta sana y salva. Y cada mañana te daba las gracias, y cada día merecía la pena, aunque sólo fuera por ese instante en el que me redimías de mi misma. Si alguna vez vuelves a encontrar mi alma por alguno de esos laberintos intransitables, dile que la echo de menos, aunque no tanto como echo de menos la tuya.

jueves, 18 de noviembre de 2010

El color de mi sangre.

Llevo en la sangre la derrota
de la que otros fueron testigos
o herederos de la Historia.

Llevo en la sangre las palabras
que otros pronunciaron
al oído no nacido.

La tengo cargada de promesas
incumplidas, de sueños rotos,
de ilusiones que no eran mías.

Noto la espesura de su líquido
rojo, envenenando las venas
pálidas de mi cuerpo.

También llevo en la sangre
el olor a uvas convertidas en vino.
El esfuerzo diario al clarear el día,
el cansancio de lunas baldías
de lluvias inoportunas.

La tengo llena de grumos
que se arrastran por mi cuerpo
y colapsan mi aliento.

Sangre que huele a muertos
de guerras que no he luchado,
y sin embargo se siguen librando
en los hijos de los hijos.

A veces tengo ganas
de abrirme las venas de un tajo
para que la sangre fluya,
y extirpar con mis dedos
todos esos coágulos
que impiden que mi corazón
bombé al ritmo de la vida.

Extraer la sangre acumulada
de los siglos, y ver de qué color
es la sangre de mi cuerpo.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Frente a frente

Las palabras recorren el estrecho espacio que separa una boca de otra boca. Los ojos se clavan los unos en los otros acortando distancias. Los gestos de los cuerpos hablan su propia lengua. Los oídos se hacen sordos, el olfato se agudiza. La garganta se seca e intenta aliviarse bebiendo pequeños sorbos de la copa que acarician los dedos que anticipan las caricias. Por fin los ojos se cuelan en el escote y las palabras ya no atinan donde esconderse. Y se callan. Se callan del todo y respiran. Sólo respiran. 

martes, 9 de noviembre de 2010

Noche

No duermo. No puedo.

El día se ha hecho noche
y la noche no se acaba.

No sé ya si mis ojos
están cerrados o están abiertos.

Veo las sombras a luz que invento
moviéndose en todas direcciones
sin atinar a quedarse quietas.

Las ignoro y desaparecen.
Y al rato vuelven, y al rato
pienso: "Si ya será de día".

sábado, 6 de noviembre de 2010

El sapo verde.

Experimento con las palabras lo que está vedado vivir. Experimento con los cinco sentidos que guarda la memoria. Las palabras me permiten crear universos llenos de estrellas que están por nacer. Me encierro en mi laboratorio lleno de imágenes que flotan, personajes que me hablan desde otras dimensiones. Mezclo en un tubo de ensayo sus voces con mis dedos, la ventana del patio, con paisajes capaces de transformarse en primavera dentro del invierno. Observo cómo el color de esa mezcla se va transfigurando, y yo, ya no soy yo, ni nada es lo que parece. Me convierto a golpe de tecla en una bailarina de claqué o en una bailarina de burdel. Incluso puedo ser las dos mujeres a la vez. Puedo inventar amantes capaces de poner cada beso en su lugar, y amantes que no atinarían nunca a besar el lugar exacto del placer. Consigo que mi cuarto huela a jazmines, a rosas, a canela, a vainilla, a aromas que absorben  el humo de los cigarrillos que se consumen al atardecer. Puedo desnudar mi cuerpo y sentir que es perfecto tal y como está, o arrancarle una pierna y un ojo, y ponerle uno de cristal. A veces las mezclas resultan explosivas, y me aseguro de abandonar mi laboratorio sin confundir la pierna izquierda con la derecha, ni llevar en la frente un solo ojo. A juzgar por algunas miradas, pareciera que me hubiera olvidado de algo. O que me hubiera convertido de repente en un auténtico sapo.

Image: 'Why I'm Going to Work for Zooomr'

http://www.flickr.com/photos/51035555243@N01/170691672

viernes, 29 de octubre de 2010

Las golondrinas.


¿Qué se puede decir cuando todo está dicho? ¿Para qué redundar en las mismas palabras? ¿Acaso cambiando la activa por la pasiva no da como resultado el mismo resultado? ¿Acaso el sujeto no es más que la comprobación del objeto directo? ¿Acaso cambiar los factores en una multiplicación no da como resultado el mismo producto? ¿A qué cambiar de orden las palabras sino para marearlas y terminar mareada con ellas ya sin sentido, ya sin concierto, ya gastadas de tanto nombrarlas, de tanto escribirlas como si fueran un castigo? ¿Para qué buscar otras nuevas con las que enunciar una y otra vez la misma finalidad para la que fueron creadas? ¿Para qué transformarlas en verso cuando la prosa terminó por comerse todas las primaveras y todos los otoños y todos los brotes verdes y todos los amaneceres que no amanecerán nunca, y todos los atardeceres de esperanzas siempre retrasadas un paso, y otro más y otro hasta llegar al principio y no poder volver a empezar? ¿A qué quejarse de la prosa que es la vida si ella es lo más grande que tenemos? ¿A qué llorar las lunas y todo cuanto bajo su luz ocurrió? ¿A qué malgastar saliva o la punta de los dedos en escribir a lo que se fue, si hace siglos que el propio Bécquer escribió sobre las golondrinas que no han de volver? ¿Quién mejor que él para hacer de la poesía la propia vida? Quién mejor que yo para saber que el infierno existe como existe el cielo. Quién mejor que cada cuál para saber dónde está y qué palabras quiere emplear para devolver la dignidad al sujeto y dejar que los predicados se escriban hasta agotar todas las posibilidades que la gramática permita, o que permita el conocimiento de nuevas palabras, para intentar que las golondrinas vuelvan a su nido o aniden al menos en algún balcón lo más cerca posible del cielo.

Image: 'Ubaldo Bordanova. Golondrinas'

http://www.flickr.com/photos/52537477@N00/4398993687

miércoles, 27 de octubre de 2010

Condenados a la sombra.

Enredo hoy mis palabras
en un tallo preñado
que nunca ha de parir.

Hago de su sombra la mía,
y ambos buscamos la luz
estirando nuestros brazos
condenados de antemano
a la eterna sombra del amanecer.

Otras serán las flores
que acaparen la luz del sol
y luzcan sus retoños
como lucen las madres
sus hijos alumbrados.

Experimento el sufrimiento íntimo
de ese tallo condenado a vivir estéril
primavera tras primavera,
estirando sus brazos y sus piernas
sus manos y sus ansias,
para alcanzar la luz indispensable
y poder parir la flor que espera
agazapada en las tinieblas.

Brotar a la vida. Mostrar sus colores,
ser olida, ser fecundada en su cáliz.
Sentir cómo los amantes voladores
absorben su néctar para llevar
su estirpe a tierras menos hostiles.

Recibir un albor compasivo
que no permita abortar en la sombra
todas las esperanzas de un tallo
que se hunde, y perece sin la justa
justicia de un sol que adeuda luz
a los condenados a la sombra.

viernes, 8 de octubre de 2010

De colores...

De azules que suben al cielo

y descienden a las profundidades
de oscuros océanos.

De amarillos soles
que se tornan ocres.

De rosas que no son del todo rosas
porque siempre preferí las blancas,
y entre bromas y entre risas
y entre el miedo siempre apuesto,
solía decir:
“Dejad las rosas rojas para cuando muera.”

De verdes infinitos que a penas se ven
entre el asfalto de mi vida cotidiana.
De verdes manzanas para ser mordidas
y devoradas, siempre con la duda
de si serán ellas quienes me devoran.

Del rojo pasión que se viste de noche
y palidece en el día.
Del blanco puro de la flor del azahar
prendida en el pecho de mujeres
inocentes o quizá sólo decentes.

De marrones que luchan para abrirse hueco
dignos del mejor ranking.

De sutiles lilas que al nombrarlas
huelen.
De albas morados y anaranjados atardeceres.

De los grises que tiñen todos los colores…

Del negro vestido de riguroso luto
que viste la muerte…

Epílogo

El pincel está sobre la paleta.
El lienzo en blanco se llenará
de las manos que lo pinta
tanto como de los ojos
que lo miran.


Original image: 'diluido'
http://www.flickr.com/photos/21943179@N06/2568104298
by: Nacho

domingo, 3 de octubre de 2010

"Le mot juste" Tocar...

“Le mot juste”. Fue Flaubert quien sentenció que los sinónimos no existen… Y yo estoy de acuerdo. Cada palabra tiene su propio matiz, su propio olor, su propio sabor....

Tocar…

Palpar, tantear, acariciar, abrazar, estrechar, estrujar, frotar, lamer, succionar, comer, absorber, chupar impregnar, humedecer, saborear, paladear, cercar, ceñirse, oler, exhalar, entrar…

Embelesar…

Embrujar, seducir, maravillar, asombrar, hipnotizar, deslumbrar, embriagar, extasiar…

Con los ojos, con los dedos, con las manos, con la boca, con la lengua, con los brazos, con las piernas…

Sentir…

Emocionarse, impresionarse, admirarse, conmoverse, percibirse, notarse, apreciarse, considerarse…

Con la piel, con la nariz, con lo que ves, con lo que no ves, con lo que imaginas, con lo que sabes, con lo que no sabes, con lo que sueñas, con el deseo, con la necesidad, con la sangre…

Palpitar…

Latir, dilatarse, contraerse, estremecerse, vivir, existir…

Convertir en fuego la escarcha derritiéndose el alma en las llamas…

Diluir…

Disolver el cuerpo en otro cuerpo. Entreverarlo sin distinguir los fragmentos hasta el grito de victoria por la victoria de haber derribado todas y cada una de las empalizadas alzadas, barricadas que se desploman después de haber tocado el cielo en una ínfima parte de lo que debe ser el tiempo sin tiempo, tal y como el agua cae desde un torrente hasta el remanso de un riachuelo.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

A sangre fría


No la busques. Ningún camino te conducirá hasta ella. La maté. Sí. Tenía las manos aladas, los ojos invadidos por los sueños, la piel de fuego, el corazón deshecho. La maté del todo. A sangre fría.  Tenía la costumbre de enredar sus fantasías entre mis piernas y hacerme perder el paso cuando mis pies querían pisar suelo firme. Ella se resistía a morir. Se aferraba con sus alas a mis manos y mis manos la empujaron a un precipicio sin fondo. Y cayó. Sentí casi un alivio al ver despeñarse su cuerpo vestido de promesas, de lágrimas,  de espejismos, de desvelos, de esperanzas, de fracasos.  Desde el aire volteó sus ojos todavía vivos. La suerte estaba echada. No le dije adiós. Nos habíamos despedido ya demasiadas veces. La empujé, sí. A sangre fría. Yo quedé asida a la tierra con mis uñas intentado salvarme del abismo.  No creo que nadie pueda darte razón de su existencia. No tenía paradero conocido, ni se sabe a ciencia cierta si era humana o vino de las estrellas. Sin cadáver no hay delito, y ella era tan etérea…Ni siquiera sé si fue un asesinato en toda regla o en legítima defensa.


domingo, 12 de septiembre de 2010

Vacío.


No puedo fechar cuándo nació este vacío tan lleno de nada que me inunda. No sé cuál es su peso ni su medida. Tiene la propiedad de crecer y de menguar como la luna, pero sin regirse por ella como se rigen las mareas. Vuelve la piel cetrina y suele vestir ojeras. Se siente igual de cómodo en el campo que en la ciudad, en una reunión de negocios que de amigos. Es tan falso que se ríe con tu risa y es capaz de hablar durante horas sin que le tiemblen las rodillas –si las tuviera-. Ensombrece todo lo que mira. Retumba como el eco. Amplifica las desgracias. Es un mal perverso. Muta, se esconde bajo la piel, bajo las uñas, dentro de las vísceras. Hay vacíos en los que no cabe nada, y otros que no se llenan nunca. Tiene su propio mapa genético. Parece que las mujeres lo padecen en mayor medida. Nadie está a salvo. Las ramas de su árbol genealógico se remontan al principio de los tiempos. Se sabe que se adueña de todo cuanto está a su alcance a modo de agujero negro. Va llenando todos los huecos que con tanto mimo y ahínco fuimos preñando de amor, de hijos, de buenos ratos, de esfuerzo, de trabajo diario, de merecido descanso, de amigos, de ilusiones, de esperanzas, de sueños…Se apropia también de las cosas más insignificantes y tiene la facultad de convertir un ramo de flores en un ramo de desengaños, una playa paradisiaca en una isla solitaria, un vaso de agua en alcohol de garrafa, una simple tormenta estival en un virulento tornado, el amanecer más cálido en el amanecer más frío, una media luna en una luna rota, un amante en una sombra, una caricia en un insulto, un viaje de placer en un viaje a las tinieblas. Su poder parece ilimitado. No es fácil esquivarlo. Es como una espiral que te chupa, te absorve, te succiona… Se hace el dormido y te despierta con su sudor gélido. Te agarra de las manos, te las ata con nudo marinero y te arrastra hasta hacerte olvidar que existes más allá de su oquedad profunda.

Epílogo

Dicen que nació cuando nació el ser humano. Aún así yo sigo empeñada en plantarle cara y taponar cada agujero que haga en mi carne, con un beso inesperado, con un abrazo, haciendo un bizcocho, amando, leyendo vuestros poemas, aprendiendo en vuestros boliches… como si de un exorcismo se tratara: “Vade Retro Satanás”, y alterar si es necesario la herencia biológica que Adán y Eva parecen habernos legado.

sábado, 28 de agosto de 2010

Existo

Existo. Porque tengo un dolor constante en el costado izquierdo de mi cuerpo. El cuerpo debe ser el mío con toda seguridad, o no sentiría esa punzada que atraviesa de lado a lado ese flanco izquierdo filtrándose hasta los huesos. Existo. Casi estoy segura de ello. A veces he dudado, no crean. Respiro, trabajo, duermo, camino con dos piernas, hablo por la boca, lloro por los ojos, aunque no derramen lágrimas, y eso acrecienta la duda de ser yo la que existe de esa manera humana. Sin embargo, este dolor en el costado izquierdo, sólo puede ser mío y de nadie más. Me duele, luego existo.

viernes, 20 de agosto de 2010

Tierra anegada.

Un diluvio recorre el subsuelo

anegando las tierras de cultivo

que antaño dieran frutos:

manzanos llenos de manzanas verdes

naranjos llenos de naranjas

limoneros llenos de limones…



El agua se abre paso formando

pasadizos invisibles que van pudriendo

las raíces moldeándolas a su antojo,

macerándolas hasta convertir el tronco

de un olmo de cien años

en algo parecido al tallo marchito

de los girasoles.



No cesa el diluvio ni cesan sus siniestros.

El agua se extiende como una plaga de langostas

arrasando los arrozales a su paso.



Allá arriba el cielo debe estar tan negro

como este profundo laberinto

de tierras que se abren y se tragan

el sustento necesario para que la vida

florezca de nuevo en su reino.

sábado, 14 de agosto de 2010

Los sueños soñados

Este agosto parece disecar el paisaje en este hemisferio norte, como el invierno lo congela en el hemisferio sur. Y es que a veces siento que los hemisferios se encuentran encontrados y cuesta caminar entre esos matorrales secos, áridos, congelados, inertes...Pero al final...Surgen ramas verdes incluso debajo de una piedra.

A cierta edad los sueños corren más deprisa que las piernas y urge pillarlos mientras aún estemos a tiempo. Un tiempo que ya no es todo el tiempo, sino un tiempo más incierto, más certero. Un tiempo al que se le pueden ver ya las orejas, y alcanzarlos se torna básico. Ya no importan tanto los obstáculos -alguna ventaja había que dar a esas piernas cansadas de sortearlos a lo largo de los años-. Ya no cuesta tanto dejar atrás ese pasado que nos pisa los talones, porque pasado y futuro se juntan en esa edad imprecisa, difícil de precisar. En esa barrera que separa la realidad de lo sueños, y lograrlos ya no es cuestión de echar carreras, sino de cogerlos, los sueños, con las manos, con las dos, y estrujarlos y masticarlos y tragarlos y hacerlos nuestros mientras aún estemos a tiempo.

lunes, 9 de agosto de 2010

Tontunas y disfraces

Tengo que empezar a poner etiquetas a mis entradas...

Es lícito pensar. Quizá lo único lícito mientras no confesemos lo que pensamos y guardamos con celo y con recelo. Todo lo que una vez dicho queda expuesto a juicio. Es lícito soñar, imaginar, e incluso fantasear con todo lo ilícito, siempre bajo la jurisprudencia de los límites bien delimitados entre el concebir y racionalizar el canon de educación actual. Ya no hablo de morbosos pensamientos, que también están en la lista de delitos. Hablo sencillamente de impuros pensamientos –no encontré mejor sinónimo por mucho que he consultado el diccionario- que pensamos todos, desde las más puras vírgenes hasta los más inocentes golfos. De pensamientos que erizan la piel con tan sólo imaginarlos, sin permitir jamás, por más que todos los pensemos, conseguir que se conviertan en lícitas acciones. Pero esto es sólo un pensamiento que guardo con celo y con recelo para no exponerme a juicios serios.

miércoles, 4 de agosto de 2010

La hoguera

Estoy recolectando recuerdos para hacer una hoguera con ellos. Para prenderles fuego y pisar sus brasas. No haré liturgia alguna, antes ni luego. Juntaré todos los días en los que caminé sobre la arena del desierto cruzando oasis que nunca existieron. Todos los días en los que fuimos felices a medias, y bebíamos vino para olvidar que fuimos felices durante una vida entera. Los días en los que juntábamos nuestra espalda con cuidado de no rozarlas. Las mañanas que alternábamos nuestra mirada en el espejo para no cruzar nuestros ojos. Las noches en vela soñando que me rescatarías de mi encierro. Los cafés amargos de madrugada y los pensamientos negros. Los años que se fueron sin sonrisas, sin palabras, sin un solo gesto que nos recordara que un día nos amamos. Los sueños quebrados como se quiebran los huesos, y los sueños que soñamos cada cual en su silencio. Quemaré también esos silencios donde me hice una mujer de carne y hueso. Una mujer que ascenderá junto al humo negro para purificar todos los reproches hechos a destiempo, toda la culpa que cargó sobre sus hombros y la dotaré de alas para que pueda volver a enamorarse de nuevo.

jueves, 29 de julio de 2010

Tu voz

He vuelto a escuchar tus palabras.

Eran blancas como azucenas.

Limpias y claras.

Dulces, como manzanas robadas.


Tenían olor a margaritas deshojadas

y sus pétalos repetían sí. Sí a todo

cuanto te preguntaba.


Tenían la voz ronca

del amanecer despierto

y la mirada tierna del sueño.


Luego me despertaba

y sólo escuchaba el viento

colándose por la ventana.

sábado, 24 de julio de 2010

Polifemo

Nos decimos la verdad de dos en dos. Una por cada ojo. Adivinamos en ellos el dolor o el sufrimiento, la felicidad, la preocupación, el deseo, la satisfacción. Cualquier cambio en la retina nos ofrece la dosis justa de sinceridad que la palabra no alcanza a expresar. Reconocemos la verdad por el número de parpadeos, o por la fijeza con la que se clavan los ojos por detrás, donde da comienzo la nuca, y a modo de calambre recorre la espina. A veces se queda callada, la mirada, mirando un florero o cualquier otro objeto. Eso también ocurre. Pero entonces sabemos que no importa saber del todo los detalles superfluos. Reconocemos la verdad por el olor del aliento que exhalan las palabras, por el aire soplado o retenido. El corazón se infla o se desinfla, jadea o se relaja, y así el mundo vuelve a ser nuestro. Lo que a veces me pregunto, es si sabremos reconocer la mentira con ese cuerpo de cuatro ojos, o nos convertiremos en un cíclope como Polifemo.

lunes, 19 de julio de 2010

Sueños de papel

A ratos me como la vida a bocados. Cojo el primer vuelo sin destino previo, y vuelo con mi maleta repleta de sueños posibles de alcanzar con tan solo alargar una mano. Aterrizo en medio de una tribu, de una selva –amazónica por ejemplo-, o una ciudad llena de humos y calles en laberinto. Y mezclo mi carne y mis huesos entre su carne y sus huesos de gestos diferentes, de colores diferentes también, y costumbres discordantes que me obligan a comer saltamontes, grillos u hormigas tostadas en bolsitas de papel, a modo de pipas de girasol o de calabaza. Me saben bien. Recorro los márgenes de los ríos, bordeo las montañas, descubro civilizaciones milenarias y bailo rituales con los muertos, pisando la tierra con los mismos pies que me mantienen en la sala de estar con una maleta repleta de sueños imposibles de alcanzar por mucho que extienda mis dos manos.

jueves, 15 de julio de 2010

El ratoncito Pérez

Quisiera poder decir algo desde la mudez de mi garganta seca, desde mi memoria herida, desde mi cuerpo desgajado y descompuesto. Quisiera ser sol en vez de lluvia, ser nube azul, arco de colores después de la tormenta. Quisiera descansar mis manos sobre mis costados sin que el tiempo se detenga. Labrar mi tierra árida y seca y confiar en la estación estival sin tener que recurrir a rituales absurdos como rezar o apostar todo cuanto tengo por unas cuantas miserables gotas. Por una vez quisiera encontrar al ratoncito Pérez husmeando bajo mi almohada antes de dejarle el diente. O poder convertirme en gato para ver en la noche algo más que sombras recorriendo las calles. Ser la princesa sin ser cenicienta, la amante en lugar de la esposa. Cualquier cosa antes que saberme muerta.

lunes, 28 de junio de 2010

Tic-tac

Queridos compañeros de emociones. Sólo me separan del mar unas horas y unos cuantos km de carretera, y no quería marcharme sin desearos a todos los de este lado, un feliz verano, y a los del otro, un feliz invierno. No me voy del todo. Aquí se queda esperando mi regreso la segunda parte del verano. Ya me gustaría ya, tener casa frente a mi mar Mediterráneo.
Y no quería irme sin colgar un poema un poco más refrescante. Un poco ¿eh? que ya me van conociendo.


He leído en un tratado de ciencia

que enamorarse ha dejado de ser

propiedad privada del corazón,

y que su título lo enarbola ahora,

esa corteza –cerebral-

sin ninguna magia

ni ningún encanto especial.



He leído que el amor no es ciego

y que el único responsable

de su enajenación mental,

son una neuronas imposible de nombrar

en un poema. Porque nada tiene de romántico

decir oxitocina o área tegmental vetral.



Sea como sea, son unas neuronas

que se vuelven locas, locas, locas

y dejan de percibir la obviedad.

La lluvia ya no nos moja.

Podemos caminar durante horas

dejándonos empapar por un agua

que nos hipnotiza con sus gotas.



Tampoco nos rinde el sueño

ni nos quema el sol, ni sentimos hambre,

ni dolor. El tiempo no se mide en horas,

y en la cara se nos dibuja una sonrisa

permanente, blanda, casi ingenua.



Pero no se dejen engañar por esa falta

de tic-tac, porque cuando menos te lo esperas,

el reloj se pone de nuevo en marcha.

martes, 22 de junio de 2010

Distintas muertes



Siempre que imagino la muerte, imagino más la vida sin la vida del amante, del amado, del padre, de la madre…Y lo peor de todo, sin el hijo. Imagino un cadáver expuesto tras los cristales. La gente que lo mira desde afuera y los que le lloran desde dentro sin poder contener todo el dolor que abarca a penas unas pocas horas de ausencia, augurio de los meses y los años que pasarán contenidas en esos mismos ojos que ahora lloran. Imagino que el teléfono no suena, que no llaman a la puerta con sus dedos esos muertos expuestos. Yo ya he dejado dicho que cierren la compuerta. Que recuerden mis ojos vivos y mis manos tocando y escuchen mi risa a través de los oídos de la memoria. He dejado dicho que me quemen en el crematorio, eso sí, después de aprovechar mi cuerpo, si es que queda algo de provecho. No digo que no me lloren porque yo misma no podría cumplir esa promesa. Y todo lo imagino sin querer imaginar, sin poder evitar llorar antes de que ocurra lo que es inevitable.

Lo que nunca puedo llegar siquiera a imaginar por respeto a los que lo sufren, son esos cadáveres apilados a los que nadie reconoce. Esos que no mueren porque son matados. Esos que Rulfo y García Márquez exponen colgados de los dedos gordos de sus pies amoratados. Esos cuya sangre chorrea a machetazos. Esos muertos, muertos a balazos. Esos niños acurrucados en los brazos de una teta como si todavía pudieran sorber el último trago de la vida que se escapa de la madre. No puedo imaginar la historia que nos cuentan de los hornos y los horrores. La historia repetida una y otra vez en lugares tan lejanos que parece que fueran de una estirpe diferente. Como si fueran menos humanos. Esos que estallan por los aires y se los comen los buitres. Esos que no tienen la suerte de poder morir como mueren los occidentales. Enfermos y de viejos. En camas de hospitales o en sus propias camas arropados por sus familiares. Y no es que la muerte sea menos muerte, que su estela deja a todos los vivos sumidos en la misma pena, es que es la única muerte que conozco. La única que he vivido y he llorado y la que aún me queda por llorar. Doy gracias por ello. Pero no puedo evitar sentir que mi corazón se rompe a pedazos tras la pantalla blindada y llorar con los puños cerrados esa otra muerte de colores diferentes, de dientes amarillos, labios secos, ojos de niño, platos vacíos, tierras secas de sequía cuarteada por los siglos, nubes negras que vacían su cólera sobre los más empobrecidos, volcanes furiosos que rugen sin aviso. Esa con cara de sargento, general o coronel. Esa que se esconde tras condecoraciones y se pasea con sus tanques sin importarle pasar por encima de vidas inocentes que no vivirán para contarlo. Tampoco vivirán para morir de viejos en sus camas, ni enfermarán de cáncer. Sencillamente morirán y algunos como la que escribe, no sabrá sus nombres ni si tenían padre o madre, hijos o amantes, ilusiones o sueños, billetes de tren en el bolsillo a ninguna parte, diarios escritos bajo el fuego, todavía esperando poder escribir sobre el primer beso. Muertos y más muertos que bien podrían ser los que hoy escribieran sobre mi fosa o sobre mi tumba. Permítanme pues que al menos les llore con mis letras. No se me ocurre ninguna  manera de librarles de esas muertes que no se investigan en probetas ni tampoco se me ocurre cómo dar mi pésame a los que sobreviven a tanta tragedia.

jueves, 17 de junio de 2010

Conversión. I Parte.

Forjaste los primeros versos
que dieron forma a mi memoria.
Te repetía cada noche como una letanía
con mis dedos cruzados,
como se repite un rosario.

Me parecías entonces un niño
casi tan desvalido como yo
y casi tan poderoso como Dios.

No en vano, eras su Hijo
y estabas destino a heredar el Cielo.

Éramos casi amigos.
 Mi madre siempre me decía:
“Cuando te metas en líos
llama al Jesusito.”

Entonces yo te llamaba desde mi memoria,
y rezaba aquellos primeros versos,
y  me sentía menos desvalida, menos sola.
Porque tu obligación era cuidarme
y no desampararme ni de noche ni de día.

Yo a cambio, te daba los domingos
como quien intercambia canicas.
Mi obligación consistía en madrugar
y  seguir aprendiendo letanías
que seguían forjando mi memoria.

Requerías también otros sacrificios:
ayuno voluntario en la cuaresma,
no pelear con otros niños,
obedecer sin rechistar,
no robar fruta
ni contar mentiras.

Nada comparable con tu corazón
sangrando entre tus manos
colgado del almanaque,
o tu cuerpo clavado de una cruz
sobre la cama de mis padres.

Toda esa sangre derramada,
bien merecía ayunar todos los días,
y en primavera, cuando mayo florece,
reunir todas las flores, y en un cesto,
llevarlas ante el altar de tu madre
llorando tu muerte.

¡Cómo pensar siquiera, en disfrutar
de un bombón de chocolate
recordando a cada rato a los niños
de África muriéndose de hambre!
Yo seguía rezando  en un intento
de convertirme en santa,
por todos esos niños del mundo
que no tenían mi suerte,
y en un rinconcito de mi alma
escondido a modo de secreto,
o de pecado casi, también rezaba por los míos
y por mi.

Luego me hice mayor.
y  te convertiste en hombre.




viernes, 11 de junio de 2010

La Gioconda llora

Un sabor pastoso asciende

Desde mi garganta hasta mi boca.

Los ojos hinchados por el llanto

Y por el sueño desvelado

De una noche sin fronteras.


El estómago revuelto de recuerdos

Mezclados con alcohol y con tabaco

Y otros ácidos amargos de postreros

Y hastiados arrepentimientos.

Nauseas que no llegan al vómito.


El sol incide descarado en las partes

Más oscuras de mi cuerpo

-Debí bajar del todo las persianas-

Y se empeña en iluminar todo

Cuanto la noche se empeñó en ocultar

Con el mismo ahínco que recelo.


Desdeñado el dolor de mis huesos

Y el olor de mis sábanas a sexo

De otro sexo, trato de renovar

Mis juramentos ante el espejo:


“Esta noche fue la última”.


Y una sonrisa parecida a la Gioconda,

Se burla de mi rostro, o tal vez

Sólo es que llora.

viernes, 14 de mayo de 2010

De otoños y primaveras.

De mis dedos se desprenden hoy
Palabras de nostalgia, igual que
Se desprenden las hojas de sus ramas.

Se deslizan lentamente de mi pluma
Ajenas al destino de su tinta.

Arrancadas ya sin retorno
De su primavera y de las sombras
Que albergaron cálidos veranos
Ávidos de historias.
De amores imposibles
Que sangran todavía.
También de amores que jugaron
Con sus manos y sus bocas.
Historias de lunas y caricias
De amaneceres y rocíos
Llenos de esperanza.

Historias todas contadas
Con el pulso de la vida.
Con el miedo a flor de piel
Con la voz estrangulada.

Hoy se arremolinan mis palabras
Y vuelan con el mismo viento
Que arrancó las hojas de su árbol
Sin ninguna misericordia.
Quedan desnudos los arces y los olmos
Los alisos y los sauces…
Así queda desnuda mi alma
En esta mañana de otoño
Aunque luzca un sol de primavera.

Epílogo

Han de venir otros otoños vestidos de primavera. Han de brotar nuevos retoños del manto de hojas muertas. Se llenarán de flores los mismos árboles de donde hoy se descuelgan palabras de adioses.

Pero como decía Benedetti: “Esto no es un adiós, es sólo un hasta luego”.

domingo, 9 de mayo de 2010

Caricias rebeldes y prolíferas.


He regalado todas las caricias que guardaba para ti. Las atesoré entre nuestras sábanas almidonadas con bolitas de alcanfor para que no se apolillaran. He de confesar que alguna vez se rebelaron, e intentaron fugarse por la ventana, pero me aseguré que aguadaran estoicas como se aguarda a que escampe la tormenta. Como aguardan los marineros que amaine el viento. Como aguardan los labios el primer beso. Como aguarda la virgen, ser desvirgada. Pero las caricias me apremiaban y me suplicaron ser exoneradas. Nunca supe ser buen carcelero y rompí el candado una mañana. Estaban todas alborotadas. Las tímidas, las valientes, las más locuaces, las más calladas. No recordaba que hubiera tantas y de tantas formas y colores. De tantas texturas, sabores, olores y de tantos caracteres. Angulosas, redondas, azules, rosas, toscas, suaves, insípidas, sabrosas, perfumadas, naturales, sospechosas, inocentes, tiernas, compasivas, apasionadas, distraídas, atentas, sensatas, inconscientes, generosas, avariciosas, atolondradas, serenas, impacientes, cordiales, entrañables, efusivas, dóciles, rebeldes, humildes, orgullosas. También sexuales…Agradecidas de su independencia recién conquistada, se disputaron ansiosas mis rizos, mis pechos, mi cuello, mis manos, mis brazos, mi espalda, mis piernas, los tirantes de mi vestido, los pliegues de mi falda…Se alojaron a su antojo, siempre fueron intuitivas, incluso las más íntimas. Las envolví con mi abrigo, dispuesta a liberarlas definitivamente de su confinamiento. Mi piel recobró la sensibilidad perdida. Es indescriptible la escasez de caricias que descubrí anidadas en cada esquina. Mendigos, niños con mocos, madres y padres separados, abuelos en los bancos, jóvenes sin rumbo, expatriados, enfermos, desahuciados, músicos sin orquesta, escritores sin historias, poetas lunáticos, soldados sin patria ni bandera. Desiertos de asfalto. Hombres y mujeres, todos con sus caricias bajo el brazo sin saber qué hacer con ellas. "Estoy a tiempo", me dije. Siempre se está a tiempo. Las caricias tienen la facultad de reproducirse solas. Por cada una que regalas, nacen mil. Nunca se agotan.

lunes, 3 de mayo de 2010

Pasado el tiempo...

Cómo pasado el tiempo
la tormenta se vuelve lluvia.
Gotas desvanecidas.

¡Cómo quisiera yo ahora
poder sentir una sola de ellas
mojando mi mejilla!

Cómo pasado el tiempo,
recogidos ya los frutos...
quisiera yo haber disfrutado
de la siembra.

Cómo el mar alborotado,
el mismo que forja acantilados
alisa rocas y derrocha olas,
se vuelve manso
y se desvanece en la orilla.

¡Cómo se desvanecen
los días alegres
en una alargada sombra…!

viernes, 30 de abril de 2010

Condenados al olvido.

Dedicado especialmente a mi querida Marisa, a su abuelo, y a mi querido compañero Pepe Codorniú.

Puede que alguien se esté preguntando todavía, para qué despertar a los muertos. ¿Para volverlos a enterrar con el honor que se merecen? ¡Cómo si la muerte no fuera honor suficiente! Se desentierra la vida a la que obligaron a vivir en una tumba. Se desentierra la historia a pico y pala de una fosa, de otra, de tantas… Se desentierra para enterrar dudas y sombras, para hacer justicia a esta vida que vivimos los herederos de sus tumbas. Porque olvidar que dieron sus vidas a cambio de la paz, es engañar a los vivos, y a los muertos que la dieron. Pero sobre todo es engañar a los que todavía no nacieron. Es condenar al olvido las vidas que no vivieron, la muerte que tuvieron. Es olvidar que siempre hay alguien que aprieta un gatillo. Olvidar que en una guerra no hay vencedores ni vencidos. Sólo muerte. Es olvidar lo que nunca debió de pasar. Lo que nunca habría de pasar más.

domingo, 25 de abril de 2010

Sin matices

Sé que si doy una explicación a una pregunta, después daré otra que explique la primera, y luego otra que explique la anterior y así hasta perder la cuenta o la conciencia de lo que trataba de explicar sin dar una respuesta concreta. Y sé que me enredaré por las ramas, como los monos saltan de liana en liana. Y cuando caiga la noche rendida de explicaciones, sólo un Sí o un No, serán la mejor explicación, sino la única, como toda respuesta.. ¿A qué dar tanta explicación? Al final no sirven de consuelo, ni de exhortación al miedo, ni de excusa al corazón. En realidad sobra toda explicación.

viernes, 9 de abril de 2010

Trabalenguas del verbo "esperar"

Tal vez haya de esperar que mi planeta Neptuno se alíe con algún otro planeta menos fantástico, ilusorio e imaginario, para que su conjunción sea capaz de cambiar la suerte de mi rumbo. Esperar un eclipse de sol o que los vientos del norte cambien al sur de improviso. Esperar que la tierra gire un grado o las nubes lluevan flores. Esperar que el mar se llene de corales y vuelvan a resurgir los peces de colores. Esperar que los pájaros canten en invierno y la siembra no se hiele. Esperar que las piedras hablen o quizá aprender a entender su lenguaje. Esperar que el rumor de los árboles se lleve con sus hojas otros rumores, esperar que dentro de una bola de cristal pueda vislumbrar lo que está vedado a los ojos de los hombres. Esperar sentada a que mi fe mueva la montaña tal y como Jesucristo anduvo por encima de las aguas. Esperar que haya otra vida para dejar de esperar. O no esperar nada y así encontrar lo que tanto esperaba. Quizá sea sólo cuestión de tener esperanza para poder soportar esta espera que se hace tan larga, sin saber exactamente qué espero y qué no espero de esta vida tan inesperada.

viernes, 2 de abril de 2010

Deberías.





Debo comer fruta jugosa y verdura fresca.

No debo pasarme la noche en vela

mirando la luna y poniendo nombre a las estrellas.

No debo adentrarme en las profundidades marinas

desnuda y sola.


Debo regar las plantas y dar de comer a la gata.


No viajar sin destino alguno, y mucho menos hacer autostop

En carreteras oscuras y solitarias.

No confiarme a desconocidos

ni enamorarme del primero que me diga:

¡Qué bonita eres, mujer encantadora...!

No debo hablar más de la cuenta,

ni hacer caso a los rumores

ni llorar a escondidas, ni fumar,

ni beber bebida alguna

que no sea agua con o sin burbujas.

No confundir los domingos con los lunes,

y por supuesto,

no olvidar mi cita de los miércoles

para alcanzar todos esos "debería"

que me pongan a salvo de la muerte

o ¡quién sabe si de la vida!

Epílogo

Y hablando de...

¡Qué difícil cumplir los deberías! Contar lo incontable, controlar lo incontrolable, controlar la primavera que se quiere abrirse paso sea como sea. Cortar los primeros brotes para que no crezcan, arrancarlos de la tierra, olerlos hasta aspirar sus últimos aromas y conciliar el sueño arropada por el rocío tibio de la madrugada. Y dormir. Dormir para volver a soñar, y poderme entregar entera a ese sueño con los ojos cerrados y la mente inocente de toda conciencia.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Luz de luna (en barbecho)

Podría decir que soy media luna, que soy luna entera o luna nueva, y al fin, luna, con todas sus fases crecientes y menguantes, bailando siempre alrededor de alguien más grande, que además tiene la virtud de girar sobre su propio eje. Yo me dejo obscurecer, no tengo opción, parece, y sin embargo, como si de una adivinanza se tratara, brillo casi en la misma noche que se marcha para los que no han podido verme. Y así me engaño creyéndome dueña de mi luz y dueña de los ojos que se atreven a mirarme. Dueña de las mareas y aunque algunos no lo crean, dueña de la siembra, luz de poetas.

lunes, 8 de marzo de 2010

Mi verdadero nombre

Hoy me dio por recordar todos los nombres que escribiste en el banco donde nos dio por pintar flechas de Cupido atravesando corazones. A un lado tus letras, al otro la sorpresa de no saber quién sería yo esa tarde. Cada día inventabas un nombre diferente para nombrarme. Canela, Lunares, Mariposa, Diamante. Zapatillas de balé, Casiopea, Londres, Primavera, Celeste. Lirio, Hierbabuena, Terciopelo, Platy, Re sostenido, As de corazones. Afrodita, Fragancia Cítrica, Brisa Fresca. Huracán, Arpa, Flauta, Amapola, Rosa. Almíbar, Chocolate, Bizcocho, Nata, Crema. Arena, Ola, Sol, Luna, Alba, Ocaso, Rubia, Morena. Princesa, Bruja, Reina, Cenicienta, Caperucita Roja, Marfil, Perla, Lluvia, Nieve, Aire, Senda… Decías que te tatuarías todos ellos en tu columna vertebral para no perder tu centro de gravedad. Fui todos los sabores, todos los olores, todos los peces de colores. Fui todas las capitales de todos tus viajes. Todas las fragancias, todas las cartas de la baraja, todas las perlas, todas las estrellas y todas las notas musicales. Fui la textura que tus manos deseaban que fuera y todas las palabras obscenas que dibujaste con tus manos y con tus labios tumbados en el banco. Fui todos los instrumentos de orquesta, todas las frutas del bosque, y todas las flores silvestres. Todos los mares y todos los amaneceres. Ríos y arco iris. Personajes de cuentos, poemas, papel en blanco. Fui todo cuanto quisiste que fuera. Todo menos quien yo era. Creo que nunca supiste cómo me llamaba en realidad, ni de cuántas letras se componía mi nombre. Creo que ni yo misma lo supe, hasta que dejaste de nombrarme.

jueves, 4 de marzo de 2010

Mi propia voz

Hoy se celebra el Día Europeo de la Voz, y he querido contribuir con la mía propia para conmemorar la importancia de su cuidado que va más allá de los problemas patológicos estrictamente orgánicos.

Hoy mi voz se hizo valiente. La saliva se tragó el amargor de todos los años que la quebró, y la mantuvo en un silencio inclemente. Capaz tan sólo de emitir lamentos como el aullido de los lobos heridos de muerte, como el ladrido de los perros en la oscuridad de la noche. Hoy mi voz perdió la cobardía de adentrarse por sendas desconocidas. Se hizo gallarda y exhaló los primeros acordes. Como si de mi guitarra olvidada se tratara, acaricié el do, el mi, el re, mientras mis dedos temblaban ante la emoción de volver a escucharla. Hoy mi voz vibró de nuevo con todas sus cuerdas vocales. Inundó el aire vacío que respiraba y exhaló golpe a golpe, todas las palabras que mantuvo secuestradas. Hoy mi voz se atreve a cantar sus penas sin miedo, sin reproches, sin misterios. Hoy mi voz, la misma de siempre, trata de cantar melodías diferentes. Ya no suena hueca. Hoy vuelvo a llenarla de altos y bajos, de agudos y graves, sin falsas notas que desafinen al contacto de unas con otras.

jueves, 25 de febrero de 2010

Fuego

Quiero vivir hechizada

Darme de arriba abajo

De frente, de espalda

De los dos costados.



Quiero que prendas mi lengua

Con el aire de tu boca.



Quiero arder

En el centro mismo de la Tierra

Y ver cómo ascienden las llamas

Y crepitan y se incendian.



Quiero quemarme en el fuego

De tu deseo eterno

Hasta que me extingas

Con la lluvia de tus brasas.

viernes, 19 de febrero de 2010

Lo sé

Sé que no puedo
volver sobre mis pasos.

Lo sé.

Sé que no puedo
corregir errores pasados.

Lo sé.

Sé que puedo escoger
caminos diferentes
y que en todos mis destinos
tú estarás presente.

Lo sé

Sé que me equivocaré de nuevo
(sin poder remediarlo)
y que ningún error o acierto
me devolverá el amor robado.

Lo sé

Sé que el campo seguirá
dando flores
y que el río seguirá fluyendo
y la Tierra girando.

Lo sé

Y que el Sol apagará la Luna
y que así será por siempre
(si antes no eclipsamos
el curso natural de los días)

Lo sé

Pero sigo sin saber qué hacer
con todos tus abrazos
con tus besos, con tus ojos…

Me siguen a todos lados
y me sorprenden desnuda
en cada destino que escojo.

miércoles, 17 de febrero de 2010

La excusa

El tiempo fue siempre la excusa perfecta para posponerlo todo. Los besos, los abrazos, el deseo. Como si el tiempo fuera a durar para siempre. Y así fue. El tiempo no se acabó. Nos acabamos nosotros.

domingo, 14 de febrero de 2010

Ausente

Estoy ausente de mi. Ausente del paisaje que se dibuja en los cristales. Ausente del calendario que cuelga de un clavo, del reloj que marca una hora en la pared. Estoy ausente de mis pensamientos. Hueca como la corteza de un árbol. Muerto. Ausente de mis risas y de mis llantos. Estoy ausente de ti también. De tu voz, de tu cuerpo. Ausente del globo terráqueo que gira sin cesar sobre la mesa de mi escritorio. Viajo a ningun lugar sin nombre, sin calles, sin nadie.

jueves, 4 de febrero de 2010

Dos más uno

Para Lucas, la suma de dos más uno.

Con todo mi amor….


Dos más uno



Llegaste para completar mi felicidad

sin que yo supiera que estaba incompleta.

Sin saber que tres es el número perfecto

quién sabe, si porque siempre fui la tercera.



Cuando eran uno y dos, sentí que el mundo

era perfectamente redondo

que nada sobraba ni faltaba

que ya nadie cabía entre nosotros.



Pero llegaste tú, justo a tiempo.

Justo cuando sonó la campana.

Llegaste con tus ojos de niño

y tu sonrisa temprana.



Entonces supe, que tres era el número.

El número que faltaba

para completar el círculo.



Porque tres, siempre será

la suma de dos más uno.


Epílogo.


Y yo no sabía que la suma no cuadraba. Que dos son mucho más que dos y que tres es mucho más que dos más uno. Yo lo que no sabía es que te querría como el primer día. Porque ya entonces sentí que mi vida era tuya y hoy sigo sintiendo lo mismo. Porque eres tan único como ellos, tan tuyo, tan fuera de mi y tan dentro…Eres la clave de mi vida. La que nos encaja a todos, la que deja un rastro por donde pasa y saluda a la gente desconocida. Eres el que se enfada y patalea y el que corre a dar un beso dejando el juego a medias. Eres la unión perfecta.

domingo, 31 de enero de 2010

El poder de las brujas



Hoy han venido a visitarme las hadas y las brujas al tiempo. Y antes de preguntarme siquiera… Tener al menos la decencia, se han puesto a discutir sin reparo alguno en mi presencia. Yo asistía a su debate como si fuera una espectadora de piedra, y me preguntaba en ese resquicio de vida que mantienen la tierra y las rocas, cuál de los dos bandos vencería, y quién se apuntaría en su haber, el tanto de la victoria. Personalmente prefería el mundo de las hadas, pero a fin de cuentas, decidí que si me ganaban las brujas (como si de un trofeo se tratara), aprovecharía igual el poder de su magia. Y ya no sé con certeza si sería para mi gracia o mi desgracia.

sábado, 23 de enero de 2010

Cara a cara

Al mirar mi cara en el espejo, es como si mirara a través de una sala entera de ellos. Como si el reflejo contuviera diversos rostros. Cada uno me devuelve una imagen diferente. Unos recuerdan a la niña que debía ser. Unas veces con coletas, otras con trenzas trenzadas con infinita paciencia. La niña que debía ser perfecta, y cumplía con todos sus deberes y quehaceres. La niña pulcra que iba a la escuela, puntual y temerosa de las monjas con túnica y con toca. Otros me recuerdan la pueril mujercita que veía cómo se insinuaban sus primeras curvas, y se sentía orgullosa. Como si desde ese momento supiera, que Dios le concedería el don de ser una mujer. Todavía a lo lejos, emerge alguien que se parece bastante a la que está frente a la luna de su alcoba. Con unas pocas menos de arrugas alrededor de las comisuras de los ojos y de la boca. El pelo con algo más de brillo, el pecho con menos gravedad que ahora. Si miro un poco más detenido, veo sombras alrededor mío. Sombras que apenas distingo y sin embargo me rodean.

Fijo la mirada en ese espejo en el que me miro cada noche antes de dar por acabado el día, y me pregunto si esas sombras que aún veo, son las mismas de entonces o son otras. Y antes de retirarme a soñar, trato de ponerles nombre, y parece que se multiplicaran, como si me encontrara atrapada en un laberinto de espejos de cualquier parque de atracciones sin poder encontrar la salida.

miércoles, 13 de enero de 2010

Al desnudo




Encendió las velas. Eligió su música favorita. Se vistió de seda negra. Le miró como si fueran dos desconocidos, como si la costumbre y la rutina, el tedio y los pijamas de franela, no existieran. Se soltó el pelo removiendo la melena al ritmo de la orquesta. Se fue bajando los tirantes de uno en uno, moviendo sus hombros y sus caderas. Bailó consigo misma y se rodeó con sus manos toda, olvidando a los niños que dormían plácidamente en la habitación contigua. Se desprendió al fin de su primera prenda y la lanzó al aire dejando que cayera entre el espacio que mediaba entre él y ella., Y él, tumbado en la cama, la miró como si se tratara del guante mítico tan ansiado por los hombres de aquella época, y puede que de ésta.

Sin dejar de balancear su cuerpo, con una inusual maestría, fue desabrochando los tirantes, descubriendo hasta el último lunar de su espalda. Y dejó que cayeran a sus pies, mientras sus manos cubrían su aureola rosada, y los ojos de su amante desafiaban su  desnudez. La miraba como el que espera ver los pechos de una mujer por primera vez. La recorrió penetrante como si se tratara de un cuerpo diferente al que dormía cada noche con él. Sus ojos clavados en los últimos movimientos de sus caderas contoneando su cintura, avivó su deseo de levantarse, y desprenderla él mismo con su boca, de la última prenda de seda negra que cubría la intimidad de su ser. Y cuando por fin la vio desnuda, la sintió toda suya. Más suya que nunca. Más que ninguna de todas sus fantasías. A ella la tenía. Y no había nada más importante, ni nadie, que pudiera evitar quererla. La recorrió con su lengua. Sabía a ella. A sus besos primeros, a licores, a fruta fresca. Sabía dulce entre sus piernas. La apretó contra su pecho, con toda la fuerza del que desea. Y ella sintió que así era. Que así había sido siempre.

domingo, 3 de enero de 2010

Cal y arena

Se me atragantan las palabras y los versos, y la luna y el sol, y las olas y la arena. Y todo lo que me gusta se me atraganta. Y visto así, nada de cuanto parece susceptible de ser poesía, se hace belleza. Sólo una gran bola de fuego en la garganta que quisiera explotar en versos, y sólo consigue que el sol se haga luna y que la luna no riele en las olas, ni juegue, ni se escape, ni toque la arena. La princesa se queda muerta en su lecho con la manzana retenida entre su laringe y su epiglotis, y el príncipe se convierte en sapo, mientras las hadas duermen la siesta.