Hoy estoy optimista aunque mi
corazón se resista a admitirlo. Hoy no le dejaré ganar esta batalla por más que
golpee desde dentro y se empeñe en empaparme de tristeza. A veces resulta tan
egocéntrico que se olvida que no sólo él vive en mi cuerpo. También tengo un
rostro —con más arrugas de las que yo quisiera, pero me las he ganado a pulso—,
y unos huesos de cristal dispuestos a
llevarme a cualquier parte. No, ya no
puede hacerme chantaje con sus mentiras y su mirada ingenua. A veces parece no
saber la edad que tiene, y siempre me sale con esas de que el amor siempre tiene quince años. Yo me sonrío por dentro como cuando no quieres dar la razón a un niño que la lleva. Pero no, hoy no le dejaré ganar la
batalla. Hoy nos vamos con todos nuestros años a cuestas a brindar por ese
pasado en el que los dos fuimos felices y por un presente en el que ya no
importa el balance entre pérdidas y ganancias. Con un poco de suerte esta noche
dormimos abrazados.
Gracias a todos por vuestra mirada.
sábado, 1 de diciembre de 2018
domingo, 11 de noviembre de 2018
Cansada
Estoy cansada de evocar viejos sueños
que nunca se cumplieron,
de recrear en mi mirada aquellos paisajes
a los que todavía tengo pendiente volar.
Cansada de llorar penas
que siempre pueden ser más grandes
y de no atreverme a desear
porque ya no creo en los deseos.
Estoy cansada de ser tantos yoes
tropezándose unos con otros
y poniéndose zancadillas para ver
quién llega el primero.
Me temo que cualquier día haré una pira
con todas esas pieles amargas
que han ido cubriéndome el cuerpo,
con todas las palabras que nunca se dijeron
y por las que di una vida entera
de las pocas que aún me quedaban.
Y arderán entre las llamas aquellas noches de gala
que ahora se visten de negro.
Y quizá entonces como si se tratara de un bautizo,
me sumergiré en el agua
para limpiar cualquier rastro de ceniza,
y cortaré el cordón umbilical
con esa tristeza crónica que provocan
los fracasos antes de
convertirse en realidad.
miércoles, 12 de septiembre de 2018
Morir lentamente
A veces una solo puede escribir de aquello que está viviendo, por más que quisiera escribir de amor.
No está al alcance de mi mano ser feliz
en estos momentos en los que al despertar,
lo primero que veo es la imagen de la muerte
ensañarse con un hombre indefenso.
Las heridas que no curan y te hacen olvidar
cualquier otra herida de guerra o de amor
—si es que acaso no es lo mismo—.
No está al alcance de mi mano devolverte
a aquellos años en los que eras joven y feliz.
Tan sólo puedo mirar tus ojos azules y tratar de sonreír
mientras extiendo un manto de aloe-vera por tu espalda
para intentar que la vida parezca de verdad.
A veces me siento cómplice de la muerte
viendo cómo mueres lentamente,
cómo respiras a través de una goma
que no huele a nada;
ni a campo, ni a pinos ni a ningún otro olor
que pueda devolverte la esperanza de seguir vivo.
Y te miro y me miras, y nos miramos
sabiendo que sentimos lo mismo.
Y te acaricio con la mirada porque tu piel
no resiste ya una caricia.
Y te duermes y te despiertas
y maldices a la muerte que no llega.
lunes, 3 de septiembre de 2018
El maldito tiempo
Nunca he buscado glorias ni laureles
ni escribo pensando que el mundo me leerá.
Escribo por necesidad,
por tomar una bocanada más de oxígeno
y no morir de inanición.
Escribo para saber que en algún rincón
sigo estando viva aunque mis palabras
no puedan conmover al silencio ni a la soledad
que me habita desde que tengo uso de razón.
Igual las escribo y las echo a volar
con la intención de curarme algún día
de los males que me acechan.
Pero el afamado tiempo, ese que dicen
que pone a cada uno en su lugar,
parece que hubiera olvidado dónde dejó mi cuerpo
y pasa por delante de mi casa si llamar siquiera a la puerta.
Mientras espero lo que no llegará
-porque siempre esperamos más del futuro
de lo que el futuro está dispuesto a dar-
escribo palabras para sobrevivir,
o tal vez para morir lentamente entre sus versos
mientras el tiempo se ríe de mí en mi cara.
ni escribo pensando que el mundo me leerá.
Escribo por necesidad,
por tomar una bocanada más de oxígeno
y no morir de inanición.
Escribo para saber que en algún rincón
sigo estando viva aunque mis palabras
no puedan conmover al silencio ni a la soledad
que me habita desde que tengo uso de razón.
Igual las escribo y las echo a volar
con la intención de curarme algún día
de los males que me acechan.
Pero el afamado tiempo, ese que dicen
que pone a cada uno en su lugar,
parece que hubiera olvidado dónde dejó mi cuerpo
y pasa por delante de mi casa si llamar siquiera a la puerta.
Mientras espero lo que no llegará
-porque siempre esperamos más del futuro
de lo que el futuro está dispuesto a dar-
escribo palabras para sobrevivir,
o tal vez para morir lentamente entre sus versos
mientras el tiempo se ríe de mí en mi cara.
lunes, 27 de agosto de 2018
El día de mi muerte
Cuando tengas ganas de morirte
no alborotes tanto: muérete y ya.
(Jaime Sabines)
Si creyera en Dios le pediría
que me dejara llorar todas mis penas
sin artificio alguno.
Sentarme a llorar y no parar
hasta haber derribado todos los puentes
y deshecho todos los muros.
Le pediría que me dejara vivir en paz
los días que me restan
aunque eso es pedir ya demasiado.
Que no volviera a hablarme de esperanza
ni de dados en el aire
ni de cartas marcadas
ni de historias felices que ocurrieron
hace ya demasiados años.
Le pediría que dejara de engañarme
con sus trucos de magia
con sus conjuros de luna llena
o amaneceres gloriosos
que nunca terminaron de
nacer.
Le pediría que me dejara morir en paz,
y en plenas facultades mentales,
elegir el día de mi muerte.
miércoles, 11 de julio de 2018
Descredo
"No
hay nada tan propio como el dolor"
Con el tiempo me he vuelto una descreída;
no creo en dios ni en dioses
ni en karmas ni religiones
ni en partidos ni banderas
ni siquiera en amistades
por las que hubieras dado la vida entera.
Ya solo creo en el dolor
que llevo pegado a mi costado
y en la espalda de la gente
que sólo vuelve la cabeza
cuando le duele su propia pena,
y comprende entonces
que no hay dios ni dioses
ni karma ni religiones
ni partidos ni banderas
ni un amigo siquiera
que alivie su aflicción.
Y es que cuando tu estrella se vuelve negra
el mundo entero se oscurece
y descubres que estás sola.
domingo, 10 de junio de 2018
Regálame un te quiero
Regálame
un te quiero
“Sin
luna y no importaba
sin
gente y no importaba
sin
dios y no importaba”
Mario
Benedetti.
Regálame un te quiero
para poder pasar el día sin apuros,
para recorrer el camino a casa
sin que el tren anuncie la próxima estación.
Regálame un te quiero
para deshacer el tiempo y mis arrugas,
para doblar la esquina
y besarte de nuevo por primera vez.
Regálame un te quiero
para pasar la noche a cielo raso
soñando que soy yo la mujer
de la que hablan tus poemas,
la que acelera tu pulso,
la que echas en falta en tu cama
cuando estoy lejos y no puedes acariciar mi piel.
Un te quiero que pueda borrar de mis ojos
todas las desgracias
y de mi cuerpo, esta soledad errante
que ha truncado mi alma
en un cuerpo condenado al fracaso.
Regálame un te quiero
para que todo cobre sentido;
la carretera cortada,
el puente derribado,
el viaje a ningún sitio,
y este corazón mío que rodó calle abajo
mientras te alejabas silbando una canción
que nunca logré entender.
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