Gracias a todos por vuestra mirada.

domingo, 9 de enero de 2011

Del invierno...


El invierno fue largo y frío. La primavera no se atrevía a irrumpir en mitad de esa nieve que lo cubría todo. Desde las copas más altas de los cipreses hasta las frondosas praderas a ras de suelo. Todas blancas, inmaculadas. Nada ni nadie parecía tener el valor de romper el hielo gélido de un invierno que se apoderó de los meses otoñales arrancando sus hojas a cuajo sin darles tiempo a despedirse de sus ramas. Y ahora amenazaba a cualquier soplido cálido que se atreviera siquiera a respirar. Como los lobos cuidan de sus lobeznos, el invierno cuidaba del letargo de sus osos en sus guaridas ante cualquiera que desafiara despertarlos. Pero la naturaleza se abre camino y la nieve se disuelve devolviendo el agua a sus ríos. Del blanco nacen raíces insurgentes que se sublevan al monolítico de sus inmaculadas praderas. Los árboles vuelven a poblar los bosques de verdes. Los osos despiertan de su letargo. Lenta, perezosamente. Y para cuando asoman su hocico por la boca de la cueva, casi pueden ya sentir el fin de otro otoño dando paso a ese invierno frío y largo que se va apoderando del tiempo. Y no es una estampa navideña con una casita al fondo con fuego en la chimenea y luces de colores. Es un paisaje blanco donde no se distingue el agua de la tierra, ni el norte del sur, ni la derecha de la izquierda. Todos los árboles son blancos, iguales, sin frutos y sin pájaros. Hasta la arena del mar se cubrió de nieve. Quizá por eso me gusta mirar el mar. Allí la vida sigue siendo de color a pesar del invierno.

12 comentarios:

La Solateras dijo...

Leyendo tu relato una se siente privilegiada mirando la noche a través de la ventana y con la casa calentita.

Un abrazo

Codorníu dijo...

No en vano, entre invierno e infierno sólo hay una letra de diferencia. Desde luego no es mi estación preferida. Y eso, que nos toca verla y vivirla con calefacción, casa y comida. Esto último no sabemos si por mucho tiempo.

Besos, amiga.

Fernando dijo...

Carmen, amiga, muy buen relato. Me gusta esa idea de que el mar mantiene su color en invierno. El invierno es, para nosotros los meridionales, una especie de castigo. No obstante, los nórdicos conviven con él muy a gusto y le echarían de menos si viniesen a vivir mucho tiempo con nosotros. Un fuerte abrazo.

Jesús Arroyo dijo...

En cualquier invierno, gris o blanco, hay una nota, una pincelada de color. Está en la ventana, en la puerta, en el campo, en la mar, esa mar.
Un buen texto.
Besitos.

Marisa Peña dijo...

Y aquí estamos...a pesar del invierno, esperando aletargados que vuelva a renacer la primavera.te quiero, gracias por seguir escribiendo...

Rayuela dijo...

pero el círculo gira, y de este lado ya se reveló la vida.

mil besos,hacia tu hermoso invierno*

LSz. dijo...

La última frase es preciosa.

Un abrazo invernal

carmen jiménez dijo...

Volviendo del letargo....

Ana: Yo me siento privilegiada sabiendo que has leído mi relato de esos inviernos que parecen no terminar nunca.
Un beso.

Pepe: Si algo me gusta del infierno es el calorcito que debe hacer allí. Y además gratis. Bueno, lo de gratis ya no sé porque parece que esta crisis fuera a traspasar el mundo.
Un abrazote.

Fernando: Yo tendría que haber nacido en otro meridiano o tal vez en otra época, pero desde estas latitudes sólo puedo decir que el invierno siempre se me hace laaaaargo, laaaargo y me congela hasta los huesos. Menos mal que existe la poesía para que duelan menos.
Un abrazo.

Jesús maestro y amigo: A veces una sola pincelada basta.
Te llamo que ya toca.
Un besazo.

Marisa, mi amiga: Gracias a ti por seguir leyéndome otro invierno más.
Un beso enorme.

Rayuela: No creas que cuando escribía casi podía ver el final del círculo en tu patio.
Mil besos*

Felipe: Ay el mar...! Yo también me quedo con él.
Abrazo.

Galeón dijo...

A bordo de este canasto
que no llega a goleta,
desgañito mi garganta
alabando tan singular cita.
Haciendo escala en tu mirada
te imagino en tu carroza,
oculta tras las cortinillas
y convertido en calabaza,
te pido aceptes esta barita,
por agradarme la velada,
que ha de finar en mi camarote,
antes que den las doce.

Utilízala.

carmen jiménez dijo...

Galeón:
Gracias por ofrecimiento semejante.
Acepto tu barita mágica
y hasta tu calabaza
a bordo de una canasta
o de una goleta,
que aunque sea hasta las doce
servirá como descanso
a mi mirada.
Un beso, pirata.

Charo Bustos Cruz dijo...

Bello relato, bello blog...te sigo!

UN BESO Y UN ABRAZO PARA TI...

~Charo Bustos~

Paloma Corrales dijo...

Pues yo me uno a esa pincelada de color de los que me anteceden, quizás represente la llama necesaria de la esperanza.

Besote, Carmen.