Gracias a todos por vuestra mirada.

domingo, 6 de septiembre de 2015

El calendario

Nunca nos dijimos adiós. Nunca nos atrevimos a pronunciar esa palabra. Volaba sobre nuestras cabezas sin encontrar la salida. Y se quedó revoloteando entre las hojas del otoño, entre los copos de nieve, entre los soles y las lunas que iban cayendo del calendario. Así supe que nos habíamos dicho adiós hace ya mucho tiempo. Fue un adiós lento, engañoso, cobarde. Un adiós sin palabras, sin gestos, sin fecha de caducidad.

22 comentarios:

marisa dijo...

Y volverán los día aunque hayas deshojado el calendario...Me siento tan identificada con este texto tuyo. Los adioses no dichos, presentido siquiera, y esas hojas de otoño, y la vida que sigue, su rueda inexorable.
Ya sabes cuánto, pero cuánto de verdad, me gusta venir a tu rincón...Como la primra vez que te descubrí y se llenaron de luz tantas soledades gracias a tu presencia amiga y a tus palabras.

SUSANA dijo...

Son el tipo de despedidas que están siempre latentes. A veces al acecho, a veces a la espera, y también quizás contienen alguna esperanza.

Y como siempre, escarbás en los profundos sentimientos de tus lectores, querida Amiga.

Gracias, Muchas Gracias!

Mi abrazo Bonita!

mentecato dijo...

A veces, el adiós es inevitable. Adiós y olvido, adiós y recuerdos, adiós y un dolor interminable...

Un abrazo.

Camarandante dijo...

Y es asì, son esas despedidas nunca dichas, que un día llegaron sin quererlo... y uno en el fondo no quería decir adios...

Muy bueno lo suyo, siempre, Media luna!

Abrazos!

Olga B. dijo...

Carmen, el otro día me hablabas de un espejo en el que no querías verte reflejada. El calendario es otra cárcel inventada, como el espejo, donde no merece la pena marcar ningún adiós.
A ver si esta nieve borra todas las marcas y cada copo trae un saludo en lugar de una despedida.
Yo, de momento, te dejo un saludo:-)

media luna dijo...

Me emociona pensar que mis palabras sirvieran para acompañar tu soledad. Me emociona saber que existe reciprocidad entre nosotras porque éso hace que los días del calendario no se deshojen en vano. Me emociona identificarme con cada poema tuyo y poder hacrelo mío y saber que de alguna manera puedo devolverte el reflejo de tu propia luz.
Tu valía es toda tuya, pero me alegro poder disfrutar de ella.
Un beso grande.

Querida Susana: Supongo que las emociones son universales. Tus diosas del convento lo confirman através de los siglos. Lástima que la historia no nos pueda curar.
Y gracias a ti por compartir esta despedida latente.
Otro abrazo para ti.

Mentecato: Es una alegría verte por aquí. Supongo que tienes razón. El adiós es inevitable, pero a mi siempre me ha costado cerrar puertas. Siempre dejo una rendija y quizá por ahí se cuela ese dolor interminable. Quizá aprenda algún día. Quizá éso, es también también tan inevitable como necesario.
Gracias por tus palabras.

Enrique: Ese adiós que llega sin quererlo...pero llega, y nos devuelve a esa realidad que a veces tampoco queremos.
Gracias por tu visita y por tu ánimo.

Olga: Gracias. Gracias por recordarme la absurda prisión que colgamos en nuestra parede o sobre la mesa de nuestro escritorio, para recordar las marcas que son mejor arrancar antes de que el tiempo nos las arranquen a nosotros de un zarpazo. Este año sólo marcaré en el calendario las fechas que me hagan sonreír. Hoy puede ser un gran día.
Besos.

Maria Luisa dijo...

No se porque, pero cuando alguien se va de una manera o de otra; por voluntad propia o porque la vida nos los quita, empezamos a contar a partir de ese momento los adioses, los silencios, los días...

Un besazo.

media luna dijo...

Tú mejor que nadie lo sabe María Luisa. Ese adiós que marca el paso de los días y sin embargo una nunca debe olvidarse de vivir cada uno de ellos.
Gracias por tus palabras.

Lembranza dijo...

Creo que mientras te quede algo de ese amor en el corazón, no puedes despedirte, con el tiempo te vas acostumbrando a vivir con ello.

media luna dijo...

Quizá también ésa sea una forma de decir adiós sin palabras.
Un beso.

Navegante Del Alma dijo...

Nos ha pasado a muchos, si. Eso de sentir que el Adiós ya está instalado antes de que llegue. Rara sensación y a veces dolorosa.
Es lindo leerte.

media luna dijo...

Bienvenido a mi puerto Navegante. Como reza tu link, el alma no deja nunca de navegar, aunque sea a la deriva.
Un saludo.

la peor de todas dijo...

A veces las palabras sobran, si solo fuéramos capaces de mirarnos a los ojos sin escondernos por miedo... pero somos tercos y frágiles y a veces ese tiempo de negación nos ayuda a enfrentar las cosas llegado el momento.

media luna dijo...

Gracias Maga. Gracias por hacerme pensar en el tiempo como un aliado capaz de sacudirse el miedo y llegado el momento, enfrentarse a los ojos. Ellos contienen todas las palabras dichas y no dichas.
Un abrazo

Marta Fernández Olivera dijo...

Las despedidas cobardes no tienes un "adios", como bien dices ese sentimiento de huida, de fuga, de marchar...revolotea en la cabeza hasta el dia que toma forma fisica y aparece, la verdad es que es un alivio poder decir adios sin pertubar demasiado nuestra vida y asi poder empezar a contar dias nuevos en el calendario.

Saludos

Juanma dijo...

Uffff, el alma por los suelos. Qué miedo me dio siempre un adiós, sobre todo estos adioses.
Me ha encantado tu texto...
Un abrazo.

media luna dijo...

¡Cuánta razón tienes Marta! Los miedos y la cobardía se dan la mano y caminan juntas. ¡Cuánto más fácil sería liberarse de ellas! Y sin embargo hay que esperar el día caminando.
Gracias por tu aportación.

Ufff Juanma! Ojalá no hubiera que despedirse nunca. Ojalá un "chao" un "hasta la vista" un hasta siempre" "hasta otra" un "bye bye", fueran suficiente. Yo también tuve siempre miedo a los adioses pero la vida parece que se empeña en hacernos enfrentar nuestros miedos.
Gracias por tu visita.

Navegante Del Alma dijo...

Por aqui me encuentro, encantado de poder responder en parte al tema de los adioses que empecé por tu blog y continuó por el mío. El tema de los adioses antes de que llegue, cuando la despedida está instalada desde un comienzo o apenas comenzada la relación. Y si hablé desde mi experiencia en este blog, lo hice más en referencia a la primera historia que conté, no a la que vos haces referencia.
Me siento enriquecido de tener este intercambio entre blogs con vos, espero que los que nos lean puedan seguir el hilo.
Besos de ultramar.

media luna dijo...

Sin duda Navegante, las historias siempre nos sugieren, nos evocan nuestras propias historias. Porque cuando las historias se escriben, como la poesía, casi dejan de ser nuestras y pasan a ser del lector.
Un placer seguir tu blog, y un placer compartir el mío.
Un saludo.

Goliardo dijo...

El adios suspendido en el aire, las hojas del almanaque cayendo con las del otoño. Sencillos elementos que arman formidablemente el clima de los complejos adioses, que a veces tanto nos cuestan decir. Siempre es un grato deleite el leerte. Brindo por este reencuentro con tus bellas palabras.

media luna dijo...

Yo también brindo por este reencuentro Alejandro. Gracias por tu comentario. Ay los adioses! O pero aún ¡Los no adioses!
Un abrazo fuerte.

SALETA dijo...

La puerta de salida de este sueño hacia el mundo real tiene, arriba en el dintel, un letrero que dice: "impermanencia". Antes de traspasarla, cuando a mí me ha tocado, siempre he recordado la canción de Lluís Llach "Si un adiós de amor fuera todavía amor", cuyo estribillo tiene estos versos:

Oh, que nunca acabe tu paso a través de mí,
ni este juego de los sentidos
que ahora nos hacen señales de un amor tan denso,
raro entramado de miedo y deseo del más allá...

Oh, si un adiós de amor fuera todavía amor,
para siempre, desde siempre y siempre libremente.

Un beso, amiga.