Gracias a todos por vuestra mirada.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Ignorancia



Ignoraba que los problemas fueran tan propios
como las huellas dactilares o el iris de los ojos.
Que los problemas ajenos no fueran nuestros,
siempre de otros.

Que una casa resultara  más beneficiosa
si la gente duerme a la intemperie
sin techo y sin paredes
aunque desluzcan el paisaje.

Que dar cobijo ya no fuera un valor
si no contabiliza en el IBEX 35
-requisito indispensable -

Que la comida se comprara
a las puertas del mercado
con nocturnidad y alevosía
para ocultar en lo posible
la cara oculta de la miseria.

Que el sudor de la frente
Ya no fuer suficiente
para ganarse el pan de cada día.

Ignoraba que el corazón pudiera ser de hojalata
y pudiera vivir fuera de los cuentos de Oz.
Que la muerte pudiera ser colateral
y la medicina un privilegio
sólo apta para enfermos con dinero.

Ignoraba que la educación
fuera la principal sospechosa
de atentar contra lo humano y lo divino.

Que los gritos de los pueblos
pudieran verse en cine mudo
como se mira una película de Charlot.

Que la justicia fuera de papel mojado
y que existieran paraísos fiscales
donde no existe el hambre, ni la sed.
Ni la decencia.

viernes, 27 de enero de 2012

Bajo la almohada

Siempre me gustó contar cuentos...


Fui ahorrando bajo el colchón
todas las sonrisas que encontraba,
cuando al acabar el día,
aparecían por debajo del sofá,
asomadas a la ventana,
o esperando en un diván.

Guardé bajo la almohada también
los besos que no daba,
y les contaba cuentos de su destino
para que soñaran con angelitos negros:

“Galopaban a lomos de un caballo
en busca de quien quisiera cambiar
sus tesoros por los suyos.

Los había de todos los colores y sabores.
Azules como los océanos,
verdes como los tallos verdes,
naranjas que yo llamaba “amaneceres”.

Violetas como las violetas africanas
como las lilas perfumadas.
No diré “rojo pasión”, porque el rojo
está reservado al ganador."

Y así viajaban los besos desde la almohada,
a lomos de un caballo alado,
A lugares imposibles.
Y se sumaban a sus filas
las caricias rezagadas
en el quicio de la puerta
y el deseo que jugaba a ser niño
con los besos de colores,
-infatigables compañeros-.

Y parecían de pronto, todos juntos;
las caricias y los besos y el deseo,
un ramillete silvestre
como el del novio cuando acude
a la primera cita de su vida.

Y no diré “colorín colorado…”
porque este cuento no se ha acabado.


jueves, 19 de enero de 2012

Adolescente.

 P.D. Es que al arbolito de Navidad ya se le cayeron las 2012 uvas...

Adolescente

No volveremos a ver amanecer juntos
Ni compartiremos más miradas secretas
Para decirnos te quiero, te espero...

No subiremos calle arriba calle abajo
sin importarnos dónde estamos.

No te quitarás la chaqueta para cubrir mis hombros
Ni yo te diré “tengo frío”  como la excusa perfecta
para  arrimar mi cuerpo al tuyo.

Tampoco desayunaremos el mismo café
Ni comeremos los mismos garbanzos.

No dormiremos abrazados.
Y sin embargo,  no dejaré de ser adolescente
por más que se empeñen los años.

sábado, 17 de diciembre de 2011

    
No es exactamente un cuento de Navidad, pero es el único cuento que he sido capaz de escribir para felicitaros las fiestas. Ya sé que algunos las odian, y otros las adoran. Yo las adoro a pesar de los pesares. Tienen algo de olor a galletas recién hechas por las manos de tu madre, algo de pandereta sin música, de villancico heredado, de joya de la corona, de luces para iluminar el camino que deberíamos seguir, aunque cuando acaben, cada uno seguirá su camino. Pero el cuento no era éste. Aquí os dejo mi cuento. ¡ F E L I Z  N A V I D A D !
Canta el gorrión tras los barrotes de una jaula, donde un canario canta sin cesar el himno de su casta. Come el gorrión que ve comer el alpiste de un comedero, y beber el agua de un bebedero, mientras él pica de flor en flor las migas que el aire va dejando, mientras bebe el agua del manantial que corre calle abajo. Cuelga el gorrión de una rama mecida por el viento, mientras se columpia el canario de un columpio colgado de una ventana. Vuela el canario con su piel de terciopelo sin poder abrir sus alas, revoloteando bajo un cielo de plomo. Vuela el gorrión hasta con sus alas rotas, sabiendo que pueden acabar desvencijadas con tan solo cruzarse en su vuelo con un tiro desatinado, con el tirachinas de un niño, con las uñas de un gato sin escrúpulos. Y sin embargo se me antoja que preferiría ser gorrión en el mundo de los pájaros.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Mudo silencio

Hace tanto tiempo que habito el silencio. Ya no me salen las palabras por la boca. Saben que si abandonan su sigilo, quedarán a merced del viento y el viento se hará su dueño. Saben que nadie les dará ya cobijo, porque el silencio les ha robado su acento, el contorno íntimo de sus símbolos, la vibración de sus sustantivos, de sus adjetivos, de sus verbos…Saben que decir “tristeza” es sólo cuestión de fonética, como lo es decir “cazuela” o decir “botella”. El silencio también les arrebató el sonido a sus colores. El “amanecer” ya no es esa luz anaranjada que alumbra la noche. Ahora todo es noche cerrada en este mudo silencio.

sábado, 12 de noviembre de 2011

No tiene

Siempre pongo título a mis poema. Nunca números ni fechas. Sólo un título. Pero éste no tiene. Creo que nació de los ojos.



A veces alguien se empeña
en mantener tus ojos abiertos.

Alguien los abre con su silencio,
y en él puedes ver
todas las palabras
que nunca se dijeron.

A veces alguien se empeña
en abrirte los párpados
y mantenerlos sujetos
con dos pinzas pinzando las pestañas,
y te obligan a mirar
lo que escapa a un parpadeo.

A veces te los operan sin anestesia
con un bisturí muy preciso
para que nunca más 
puedas refugiarte en su miopía.

Y sobrios de realidad
los ahogo en una copa de vino.

martes, 1 de noviembre de 2011

Logaritmos

No volveré a calcular
el amor en logaritmos.
Me llega con la aritmética básica
contenida en el espacio
de dos cuerpos abrazados.

Lo contaré por el número
de besos que pones en mi piel
por el número de caricias
que se desprenden de tus manos.

Calcularé su peso
por los susurros desprendidos de tu boca
y las palabras susurradas a mi oído.

Lo miraré desnuda de recuerdos
con la ropa colgada de una silla
y copiaré cien veces “no volveré…”