A todos mis recuerdos y a todos los que están por venir.
No sé cuántos años tenía exactamente.
Podría decir una cifra cualquiera,
o cualquier otro número aproximado
a los desayunos de domingo llenos de sorpresa.
Podría escribir el número con letra:
“Adiós definitivo a los juegos de muñecas,
a los brazos del sofá cabalgando por el bosque
entre cuatro sillas y una mesa."
Podría fijar una fecha de aniversario
el día que se bajaron del carrusel
mis sueños de princesa.
Hablar del cumpleaños de aquella tarde,
cuando descubrí que el mundo
no se recortaba con tijeras
ni estaba dentro de una tarta.
Fue un mes de otoño, eso seguro.
Atrás quedaban las vacaciones en el pueblo,
los besos de la abuela,
los inviernos sin estufa.
No sabría decir cuántos años tenía exactamente,
pero se parece mucho
al número de vagones sin retorno.