Un
poema de amor ha de tener la dosis justa de erotismo
capaz
de desnudar al cuerpo de su carne.
Tiene
que atreverse a escribir palabras sin adornos
ni manidos
versos - que cada vez quedamos menos tontos-.
No se
puede timar al amor con rimas asonantes sin entrañas
por
más ortodoxo que sea el romance.
Un
poema de amor es un diamante de palabras
que
pueden cortarte hasta el aliento
o seccionarte el corazón en dos mitades.
Cualquiera
puede intercalar en sus estrofas
un puñado
de lunas o un manojo de flores,
pero
sólo los grandes poetas pueden nombrar “la cebolla”
y crear un poema justo después del carpe diem.