Llegará el día en que mis ojos puedan volver a llorar
las lágrimas guardadas en el fondo del cajón,
junto a las tarjetas de visita, de gente
que hace años dejé de visitar.
Se deslizarán de
entre la ropa
que vestían cuando
todavía eran sonrisas,
y resbalarán por otros tiempos
donde llorar aún servía para cicatrizar
la piel arrancada de las caricias.
donde llorar aún servía para cicatrizar
la piel arrancada de las caricias.
Se descolgarán de la percha una noche,
y no me servirá prender la luz,
ni alzar el volumen de la música,
ni leer poesía o escribirla,
para esconderlas entre sus páginas.
para esconderlas entre sus páginas.
Se desbordarán de la
copa de vino
que me bebo de un solo trago
para anestesiar la vida,
y llorarán para devolver a mis ojos
la mirada arrancada de su lágrima.