Gracias a todos por vuestra mirada.

domingo, 9 de mayo de 2010

Caricias rebeldes y prolíferas.


He regalado todas las caricias que guardaba para ti. Las atesoré entre nuestras sábanas almidonadas con bolitas de alcanfor para que no se apolillaran. He de confesar que alguna vez se rebelaron, e intentaron fugarse por la ventana, pero me aseguré que aguadaran estoicas como se aguarda a que escampe la tormenta. Como aguardan los marineros que amaine el viento. Como aguardan los labios el primer beso. Como aguarda la virgen, ser desvirgada. Pero las caricias me apremiaban y me suplicaron ser exoneradas. Nunca supe ser buen carcelero y rompí el candado una mañana. Estaban todas alborotadas. Las tímidas, las valientes, las más locuaces, las más calladas. No recordaba que hubiera tantas y de tantas formas y colores. De tantas texturas, sabores, olores y de tantos caracteres. Angulosas, redondas, azules, rosas, toscas, suaves, insípidas, sabrosas, perfumadas, naturales, sospechosas, inocentes, tiernas, compasivas, apasionadas, distraídas, atentas, sensatas, inconscientes, generosas, avariciosas, atolondradas, serenas, impacientes, cordiales, entrañables, efusivas, dóciles, rebeldes, humildes, orgullosas. También sexuales…Agradecidas de su independencia recién conquistada, se disputaron ansiosas mis rizos, mis pechos, mi cuello, mis manos, mis brazos, mi espalda, mis piernas, los tirantes de mi vestido, los pliegues de mi falda…Se alojaron a su antojo, siempre fueron intuitivas, incluso las más íntimas. Las envolví con mi abrigo, dispuesta a liberarlas definitivamente de su confinamiento. Mi piel recobró la sensibilidad perdida. Es indescriptible la escasez de caricias que descubrí anidadas en cada esquina. Mendigos, niños con mocos, madres y padres separados, abuelos en los bancos, jóvenes sin rumbo, expatriados, enfermos, desahuciados, músicos sin orquesta, escritores sin historias, poetas lunáticos, soldados sin patria ni bandera. Desiertos de asfalto. Hombres y mujeres, todos con sus caricias bajo el brazo sin saber qué hacer con ellas. "Estoy a tiempo", me dije. Siempre se está a tiempo. Las caricias tienen la facultad de reproducirse solas. Por cada una que regalas, nacen mil. Nunca se agotan.

lunes, 3 de mayo de 2010

Pasado el tiempo...

Cómo pasado el tiempo
la tormenta se vuelve lluvia.
Gotas desvanecidas.

¡Cómo quisiera yo ahora
poder sentir una sola de ellas
mojando mi mejilla!

Cómo pasado el tiempo,
recogidos ya los frutos...
quisiera yo haber disfrutado
de la siembra.

Cómo el mar alborotado,
el mismo que forja acantilados
alisa rocas y derrocha olas,
se vuelve manso
y se desvanece en la orilla.

¡Cómo se desvanecen
los días alegres
en una alargada sombra…!

viernes, 30 de abril de 2010

Condenados al olvido.

Dedicado especialmente a mi querida Marisa, a su abuelo, y a mi querido compañero Pepe Codorniú.

Puede que alguien se esté preguntando todavía, para qué despertar a los muertos. ¿Para volverlos a enterrar con el honor que se merecen? ¡Cómo si la muerte no fuera honor suficiente! Se desentierra la vida a la que obligaron a vivir en una tumba. Se desentierra la historia a pico y pala de una fosa, de otra, de tantas… Se desentierra para enterrar dudas y sombras, para hacer justicia a esta vida que vivimos los herederos de sus tumbas. Porque olvidar que dieron sus vidas a cambio de la paz, es engañar a los vivos, y a los muertos que la dieron. Pero sobre todo es engañar a los que todavía no nacieron. Es condenar al olvido las vidas que no vivieron, la muerte que tuvieron. Es olvidar que siempre hay alguien que aprieta un gatillo. Olvidar que en una guerra no hay vencedores ni vencidos. Sólo muerte. Es olvidar lo que nunca debió de pasar. Lo que nunca habría de pasar más.

domingo, 25 de abril de 2010

Sin matices

Sé que si doy una explicación a una pregunta, después daré otra que explique la primera, y luego otra que explique la anterior y así hasta perder la cuenta o la conciencia de lo que trataba de explicar sin dar una respuesta concreta. Y sé que me enredaré por las ramas, como los monos saltan de liana en liana. Y cuando caiga la noche rendida de explicaciones, sólo un Sí o un No, serán la mejor explicación, sino la única, como toda respuesta.. ¿A qué dar tanta explicación? Al final no sirven de consuelo, ni de exhortación al miedo, ni de excusa al corazón. En realidad sobra toda explicación.

viernes, 9 de abril de 2010

Trabalenguas del verbo "esperar"

Tal vez haya de esperar que mi planeta Neptuno se alíe con algún otro planeta menos fantástico, ilusorio e imaginario, para que su conjunción sea capaz de cambiar la suerte de mi rumbo. Esperar un eclipse de sol o que los vientos del norte cambien al sur de improviso. Esperar que la tierra gire un grado o las nubes lluevan flores. Esperar que el mar se llene de corales y vuelvan a resurgir los peces de colores. Esperar que los pájaros canten en invierno y la siembra no se hiele. Esperar que las piedras hablen o quizá aprender a entender su lenguaje. Esperar que el rumor de los árboles se lleve con sus hojas otros rumores, esperar que dentro de una bola de cristal pueda vislumbrar lo que está vedado a los ojos de los hombres. Esperar sentada a que mi fe mueva la montaña tal y como Jesucristo anduvo por encima de las aguas. Esperar que haya otra vida para dejar de esperar. O no esperar nada y así encontrar lo que tanto esperaba. Quizá sea sólo cuestión de tener esperanza para poder soportar esta espera que se hace tan larga, sin saber exactamente qué espero y qué no espero de esta vida tan inesperada.

viernes, 2 de abril de 2010

"Deberías"





Debo comer fruta jugosa y verdura fresca.

No debo pasarme la noche en vela

mirando la luna y poniendo nombre a las estrellas.

No debo adentrarme en las profundidades marinas

desnuda y sola.


Debo regar las plantas y dar de comer a la gata.


No viajar sin destino alguno, y mucho menos

por carreteras oscuras y solitarias.

No confiarme a desconocidos

ni hablar más de la cuenta,

ni hacer caso a los rumores

ni llorar a escondidas, ni fumar,

ni beber, ni maldecir mi estrella.

No confundir los domingos con los lunes,

y por supuesto,

no olvidar mi cita de los miércoles

para alcanzar todos esos "debería"

que me pongan a salvo de la muerte

o ¡quién sabe si de la vida!

Epílogo

Y hablando de deberías...

¡Qué difícil cumplir ellos! Contar lo incontable, controlar lo incontrolable, controlar la primavera que quiere abrirse paso sea como sea. Cortar los primeros brotes para que no crezcan, arrancarlos de la tierra, olerlos hasta aspirar sus últimos aromas y conciliar el sueño arropada por el rocío tibio de la madrugada. Y dormir. Dormir para volver a soñar, y poderme entregar por entera a ese sueño con los ojos cerrados y la mente inocente de toda conciencia.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Luz de luna (en barbecho)

Podría decir que soy media luna, que soy luna entera o luna nueva, y al fin, luna, con todas sus fases crecientes y menguantes, bailando siempre alrededor de alguien más grande, que además tiene la virtud de girar sobre su propio eje. Yo me dejo obscurecer, no tengo opción, parece, y sin embargo, como si de una adivinanza se tratara, brillo casi en la misma noche que se marcha para los que no han podido verme. Y así me engaño creyéndome dueña de mi luz y dueña de los ojos que se atreven a mirarme. Dueña de las mareas y aunque algunos no lo crean, dueña de la siembra, luz de poetas.